En el II Domingo de Cuaresma, Mons. Carlos Enrique Samaniego López reflexionó sobre el camino que Jesús recorre hacia Jerusalén, marcado por el anuncio de su pasión, muerte y resurrección, e invitó a los fieles a comprender que la cruz forma parte del proyecto salvador de Dios.
Durante su homilía, explicó que los tres anuncios de la pasión muestran cómo el Señor corrige las expectativas de sus discípulos, enseñándoles que el verdadero seguimiento implica negarse a sí mismos, servir y abrazar el sacrificio. En este contexto, la Transfiguración aparece como un momento de luz que fortalece la fe ante el escándalo de la cruz.
El Obispo destacó que este pasaje evangélico es un “anticipo” de la gloria futura, una certeza de que el sufrimiento no tiene la última palabra, pues Cristo, con su muerte y resurrección, nos ha traído la luz de la inmortalidad y de la vida.
Finalmente, animó a los fieles a reconocer los “momentos de transfiguración” que Dios concede en medio de las dificultades y a convertirse, a su vez, en ocasión de esperanza y consuelo para quienes atraviesan situaciones difíciles, especialmente durante este tiempo cuaresmal.
Homilía de Mons. Carlos Enrique Samaniego López – II Domingo de Cuaresma
En el santo Evangelio vemos cómo el Señor Jesús realiza un recorrido que geográficamente va desde el Jordán hasta Jerusalén. Psicológicamente hablando, va desde el fervor de Galilea, porque todos estaban llenos de entusiasmo al inicio con la doctrina, con los milagros de Jesús, hasta el aparente fracaso en Jerusalén con la muerte en cruz. Y en ese recorrido, en donde Jesús siempre va en una cuesta con sus discípulos, siempre va caminando hacia arriba, hay encuentros y desencuentros. Poco a poco se va ganando enemistades. Y en todo ese trayecto anuncia en tres ocasiones la cruz. Anuncia también su muerte y su resurrección. Son tres anuncios de la pasión con una estructura exactamente igual.
Pero, digamos que el domingo pasado hablamos de las tentaciones y ya desde ahí se le proponía al Señor Jesús, no que no nos salvara, no que no fuera el Mesías, sino que nos salvara, que fuera Mesías, pero no al estilo de Dios, sino por otro camino. Y es así como el diablo le proponía el camino del poder, del placer, de la fama. Pero el Señor Jesús descubría en la Palabra de Dios el camino de Dios: no solo de pan vive el hombre; está escrito: no tentarás al Señor tu Dios. El Señor Jesús, pues, quería realizar el camino que le iba marcando el Padre. Y ahora, en estos tres anuncios de la pasión, vemos nuevamente que se le invita a otro camino.
Veamos la estructura de estos anuncios. En primer lugar, el Señor Jesús anuncia su pasión: el Hijo del Hombre va a ser entregado, va a padecer, va a morir, pero resucitará al tercer día. Viene ahora una objeción. San Pedro le dice: “Tú no, Maestro, a ti no te va a pasar esto. Tú eres el Mesías”. Y ahora viene una instrucción del Señor Jesús: quien quiera ser mi discípulo, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Es el camino de la cruz, el camino que está marcando el Padre.
Viene el segundo anuncio de la pasión. Nuevamente vemos la misma estructura: el anuncio, una objeción y una instrucción de Jesús. Veamos este segundo anuncio: el Hijo del Hombre va a ser entregado, va a padecer, va a morir en manos de los escribas y fariseos, pero resucitará al tercer día. ¿Cuál es la objeción aquí? Que los discípulos venían pensando quién era el más importante. Y ahora viene la instrucción del Señor Jesús: quien quiera ser el primero, que se haga el último, el servidor de todos.
Ese es el camino de la cruz: el servicio, la entrega, hacerse el último. Quien quiera ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos los demás. Ese es el camino del Padre.
Viene el tercer anuncio con una estructura idéntica. Primero el anuncio: el Hijo del Hombre va a ser entregado, va a padecer, va a morir, pero va a resucitar. ¿Cuál es la objeción aquí? Que los discípulos venían hablando de quién se iba a sentar a la derecha y quién se iba a sentar a la izquierda cuando llegara el momento del reino. Y ahora viene la instrucción del Señor Jesús: “¿Pueden acaso beber el cáliz que yo he de beber?”. Es el cáliz de la pasión. Nuevamente está marcando el camino de la cruz.
Podemos ya entender que los discípulos o no entendían o no querían entender. Además, veían ya unos desencuentros con los escribas, con los fariseos. Jesús se iba quedando cada vez más solo y había el rumor de que si llegaba a Jerusalén lo podían matar. Ya habían intentado matarlo y allá estaba la “crema y nata” de los que lo querían matar. Comenzaban a aterrorizarse, estaban asustados. Jesús se mantenía firme en el camino de la cruz. En una ocasión se dice en el Evangelio que tomó la firme determinación de ir a Jerusalén. Y es así como el Señor les va a regalar un momento especial.
Los va a apartar a un monte, al Tabor. Este es el Evangelio del día de hoy. No se entiende sin este contexto que acabo de explicar. Los discípulos estaban con miedo. Dice el Papa san León Magno que la transfiguración fue para desterrar del corazón de los discípulos el escándalo de la cruz.
Los lleva a un monte alto, se transfigura. Sus vestiduras eran resplandecientes, su rostro era luminoso. Apareció Moisés y Elías, los dos personajes más importantes del Antiguo Testamento. Moisés representa la ley. Es a través de la ley que Dios habló a su pueblo. Elías representa a los profetas. Son la voz de Dios. Pero allí al centro está Jesús. Él es la ley hecha carne, la ley del Padre. Él es ya no un profeta, sino el profeta. Es la voz misma del Padre. Por eso aparece o se escucha una voz que dice: “Este es mi Hijo amado. Escúchenlo”. Ahora Él es la ley, Él es el profeta, Él es el Hijo de Dios. Se oyó la voz del Padre, pero también llegó una nube muy luminosa, de tal manera que descubrimos que se hace presente la Trinidad misma: en la voz, el Padre; el Hijo al centro; y en la nube, el Espíritu Santo. Y Moisés y Elías hablaban de la muerte de Jesús. En el original griego dicen que hablaban del éxodo de Jesús, de su salida de este mundo. Y cómo no, si Moisés salió de una manera misteriosa, no vio la tierra prometida, no se sabe exactamente dónde fue sepultado. Y Elías fue arrebatado por un carro de fuego y de luz, dos muertes muy misteriosas de esos personajes. Y la del Hijo de Dios va a ser más misteriosa, porque es Dios. Es Dios mismo que va a padecer y va a morir en una cruz. Y hablaban de eso.
San Pedro tuvo la idea más bonita de todo el Nuevo Testamento: “Maestro, qué bien se siente aquí”. Sabiendo que Dios vive en templos, en la sinagoga, pero él sabe que vive también en la familia, en el hogar, y dice: “Maestro, no queremos ser peregrinos. Hagamos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Qué bien se está aquí”. Qué maravillosa idea. Lástima que al Maestro no le gustó. Solamente era un adelanto de lo que iba a pasar al final.
¿Ustedes han escuchado la palabra spoiler? Spoiler es cuando alguien te cuenta el final de la película. Jesús es un spoiler, estaba contándonos el final de la película, porque ya los veía horrorizados por el camino de la cruz y por ello les anuncia con ese acontecimiento cuál va a ser el final. Jesús es un spoiler. Nos contó el final de la película. Todo iba a ser gloria. Nos lo dice también la segunda lectura. San Pablo dice que, con su muerte y su resurrección, Jesús nos ha traído la luz de la inmortalidad y de la vida. Ese iba a ser el final, pero había que recorrer ese último tramo que llegaba a la cruz, a la pasión, a la muerte, pero también a la resurrección.
El Señor Jesús, en este camino que llevamos todos los que estamos aquí, un camino cuesta arriba. ¿Alguien tiene problemas de desempleo? ¿Otro de pobreza? Algún otro va cuesta arriba con problemas familiares muy duros, otro con problemas laborales, todos cargando la cruz en este camino, desde que nacemos hasta que morimos. Decía un abuelo: a este mundo venimos a solucionar problemas, no a ocasionarlos. Siempre es un camino cuesta arriba y el que no tiene muchos problemas con los demás de pronto no se soporta ni a sí mismo. El tema es que siempre andamos en problemas, dificultades, desafíos. Después de la pandemia ahora tenemos una guerra. Siempre cuesta arriba la humanidad. Y en ese camino Jesús nos regala momentos de transfiguración.
Por ejemplo, el nacimiento de un niño en la familia. Qué alegría. Hagamos tres chozas. Que así sea siempre. De pronto alguien tiene la oportunidad de dar unos días de vacaciones. Ah, qué dicha. Hagamos tres chozas. Que así sea para siempre. De pronto, un estudiante aprobó aquella materia que tanto se le dificultaba. Uy, qué felicidad. Y aquel otro cuando comulga y cierra los ojos, un pedacito de cielo. O en el jueves, la Hora Santa. Hagamos tres chozas.
Pero el Señor quiere que sigamos como peregrinos, que sigamos caminando cuesta arriba para ver paisajes muy hermosos, que son esos ratitos de transfiguración que nos dan la prueba de lo que será la vida eterna. Dios nunca nos deja sin esos ratitos de transfiguración.
Quiero concluir la homilía citando nuevamente la segunda lectura, donde san Pablo nos dice que Jesús, por su muerte y resurrección, nos ha traído la luz de la inmortalidad y de la vida. Nosotros, discípulos de Jesús, también podemos ser ocasión de transfiguración para nuestros hermanos que van cuesta arriba, que van con dificultad.
¿Alguien de aquí ha organizado una fiesta de cumpleaños a un familiar, a un amigo? Eso es ocasionar ratitos de transfiguración para aquel que va cuesta arriba en la vida. ¿Alguien ha colaborado económicamente para las medicinas de una persona que está en aprietos? Eso es ser ocasión de transfiguración, de darle un descanso en el camino cuesta arriba. ¿Alguien ha compartido su pan con el hambriento, el vestido con el desnudo? ¿Alguien ha acompañado a una persona sola, anciana, enferma, y le ha regalado ratitos, pruebas de cielo con esos momentos de transfiguración?
Les invito a que, en esta fase de la Cuaresma, en esta semana, le regalemos momentos de transfiguración a alguna persona que va caminando cuesta arriba. En momento de silencio, les invito a que piensen en una obra en donde ustedes sean, por su sacrificio, por su esfuerzo, porque les va a costar trabajo, por su cruz, van a ser ocasión de ser un pedacito de cielo, una probadita de lo que va a ser la vida eterna para algún hermano.
Jesús fue un spoiler. También tú dile el final de la película con una experiencia a una persona que vaya de verdad cuesta arriba.
Que así sea.
