¡Abran las puertas de la justicia y entraremos para dar gracias al Señor!

Demos gracias a Dios Padre por hacernos el regalo de su Hijo. También agradezcamos la acción del Espíritu Santo en los Tres Lirios de Flandes: fray Juan de Aora, fray Juan de Tecto y fray Pedro de Gante que trajeron el Evangelio a nuestra tierra desde hace ya 500 años. ¡Alegrémonos con júbilo eterno! El Papa Francisco ha concedido a nuestra amada Diócesis un año de gracia por este acontecimiento de los 500 años de la evangelización de Texcoco. En este año Santo Texcocano nos concede ganar la Indulgencia Plenaria (gracias espirituales singulares) atravesando la Puerta Santa, abierta el pasado 18 de octubre de 2023 en la Santa Iglesia Catedral. Al hacerlo, nos acercamos a la Misericordia divina, manifestada en el perdón, ¡Vayamos con el deseo de la Gracia y la conversión!

La celebración del Año Santo se inspira en la institución del Año Jubilar, que aparece en la Biblia (cfr. Lv 25, 8-17). Por su parte, la Puerta Santa es aquella que se abre con motivo de un Jubileo. La Puerta Santa solo se abre para la ceremonia de apertura del Jubileo. Nuestro obispo, como lo hace el Papa en Roma, dio tres golpes con un martillo diciendo Aperite mihi portas iustitiae, ingressus in eas confitebor Domino (Ábranme las puertas de la justicia; entrando por ellas confesaré al Señor). Al alabar a Dios por el misterio de la salvación de los hombres, tenemos la oportunidad de un tiempo propicio para la misericordia y recibir las gracias a través de la Indulgencia Plenaria que no debemos perder en este Año Santo Texcocano.

A partir del día 18 de octubre de 2023, poniendo en obra el Decreto que la Penitenciaría Apostólica envío a nuestro obispo. Don Juan Manuel Mancilla Sánchez abrió la Puerta Santa para que, al cruzarla, con las debidas disposiciones, podamos conseguir la Indulgencia Plenaria, ya sea en favor propio, en sufragio por un difunto o ganarla para un enfermo. Este signo de la Gracia divina permanecerá abierto hasta el 8 de septiembre de 2024. Por este motivo, te exhortamos a peregrinar hacia la Santa Iglesia Catedral y cruzar por la Puerta Santa para recibir las gracias que dicho signo contiene.

La puerta siempre ha tenido una importancia fundamental en la historia de la humanidad. Elemento de protección y defensa de aldeas, ciudades y palacios, también adquirió una fuerte simbología espiritual en el mundo griego y posteriormente en el romano, como portal entre mundos, punto de paso, frontera entre la vida y la muerte. Este fuerte valor espiritual es confirmado también en el ámbito cristiano con llamada Puerta Santa.

¿De qué se trata? ¿Qué significado tiene? ¿Por qué se llama Puerta Santa?

Desde un punto de vista exquisitamente material, podemos definir Puerta Santa como la puerta de una iglesia o basílica cristiana que el Papa ha proclamado como tal. Esta puerta se mantiene cerrada y solo se abre con ocasión de un Jubileo, cuando se puede atravesar para obtener la indulgencia plenaria de todos los pecados. De hecho, recordemos que el Jubileo es un período que dura un año y durante el cual la Iglesia concede indulgencias especiales a quienes peregrinan, realizan obras de caridad, se dedican a la oración y la penitencia o, en este caso, atraviesan una de las Puertas Santas proclamadas por el Papa.

En cuanto al significado simbólico de la Puerta Santa, encontramos la puerta ya mencionada en Ezequiel, como el portal por el que la gloria de Dios entra en la casa, pero también en el alma: «El hombre me llevó luego a la puerta que da hacia el oriente, y vi que la gloria del Dios de Israel venía del oriente. Podía escucharse un rumor como de muchas aguas, y por causa de su gloria la tierra resplandecía.

Lo que vi tenía el aspecto de una visión, como la que tuve cuando el Señor vino a destruir la ciudad, y como las que tuve junto al río Quebar. Entonces me incliné sobre mi rostro, y la gloria del Señor penetró en el templo a través de la puerta que daba al oriente» (Ezequiel 43:1-4). Jesús mismo nos sigue diciendo: «Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento» (Jn 10,9). Él es la puerta que nos hace entrar y salir. ¡Porque el rebaño de Dios es un amparo, no una prisión! Son los ladrones, aquellos que tratan de evitar la puerta, porque tienen malas intenciones, y se meten en el rebaño para engañar a las ovejas y aprovecharse de ellas.

Nosotros debemos pasar por la puerta y escuchar la voz de Jesús: si sentimos su tono de voz, estamos seguros, somos salvados. Podemos entrar sin temor y salir sin peligro. Delante de nosotros se encuentra la gran puerta de la Misericordia de Dios, que acoge nuestro arrepentimiento ofreciendo la gracia de su perdón. La puerta es generosamente abierta, pero nosotros debemos valerosamente cruzar el umbral.

El Señor no fuerza jamás la puerta: Él también pide permiso para entrar, como dice el Libro del Apocalipsis: «Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos» (3,20).

¿Cuál es el sentido de atravesar estas Puertas Santas?

Lo ha explicado el papa Francisco en sus Catequesis sobre la Misericordia de Dios con estas palabras: “La Puerta indica a Jesús mismo que ha dicho: “Yo so y la puerta. El que entra por mí se salvará”. Atravesar la Puerta Santa es el signo de nuestra confianza en el Señor Jesús, que no ha venido para juzgar, sino para salvar (cfr Jn 12,47).”

Atravesar la Puerta Santa es signo de una verdadera conversión de nuestro corazón. Cuando atravesamos aquella Puerta es bueno recordar que debemos tener abierta también la puerta de nuestro corazón. Estoy delante de la Puerta Santa y pido al Señor “ayúdame a abrir la puerta de mi corazón”. No tendría mucha eficacia el Año Santo si la puerta de nuestro corazón no dejara pasar a Cristo que nos empuja a andar hacia los otros, para llevarlo a Él y a su amor. Por lo tanto, como la Puerta Santa permanece abierta, porque es el signo de la acogida que Dios mismo nos reserva, así también nuestra puerta, aquella del corazón, esté siempre abierta para no excluir a ninguno. ¡A ninguno!

¿QUÉ CONDICIONES SE DEBEN CUMPLIR PARA CRUZAR LA PUERTA SANTA Y OBTENER LA INDULGENCIA?

  • Hacer Confesión Sacramental antes o después de cruzar la Puerta Santa, es decir, estar en estado de gracia
  • Recibir la Sagrada Comunión
  • Participar de la Eucaristía, u otro acto de fe y oración dentro de la Catedral
  • Rezar por las intenciones del Papa (Un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)
  • Hacer la Profesión de Fe (Rezar el Credo).

Recordemos que podemos ganarla para nosotros mismos, o a modo de Sufragio por algún difunto, o estar unidos con un enfermo para ganarla por ellos, ya que se encuentran impedidos a asistir.

¿QUÉ RELACIÓN TIENE LA PEREGRINACIÓN CON LA PUERTA SANTA?

El hecho de cruzar la Puerta Santa es un rito de paso hacia una nueva vida. Este rito es uno de los conceptos básicos de toda peregrinación. Se asocia al mensaje de Jesús en el evangelio de Juan (10,9). “Yo soy la puerta; si uno entra por mí, se salvará” y también en el Apocalipsis (3,8) que dice:

“Abrí delante de ti una puerta que nadie puede cerrar”. Por ello es importante peregrinar y cruzar la Puerta Santa.

ORACIONES OPCIONALES:

Estas oraciones adicionales también son útiles para una fructífera visita a la Puerta Santa. Pero no son necesarias para la Indulgencia Plenaria.

Oración antes de cruzar el umbral de la Puerta Santa:

¡Ábranme las puertas de justicia para entrar a dar gracias al Señor! Esta es la puerta que lleva al Señor, por ella entran los que son justos. (Salmo 118:19-20).

Señor Dios, abres las puertas de tu misericordia a todos que vienen a ti. Mírame, tu hijo, un pecador, y recíbeme en tus brazos. Mientras que yo entro en tu casa, que tú entres en mi corazón. Refréscame con la doble gracia de dolor por mis pecados y el conocimiento de tu amor misericordioso extendido a todos los que invocan tu nombre. Vamos adelante en la paz de Cristo. Amén. (Como un signo al cruzar la Puerta Santa, podemos tocar la puerta, venerarla, dar un beso, como gesto de la gracia que recibimos)

Oración después de haber cruzado el umbral de la Puerta Santa

¡Qué amables son tus moradas, Señor Sabaot! Felices los que habitan en tu casa, se quedarán allí para alabarte. Vale por mil un día en tus atrios, y prefiero quedarme en el umbral, delante de la casa de mi Dios. (Salmo 84:2,5,11)

Señor Dios, me llenas con el conocimiento de tu infinita misericordia. Como ya he entrado en tu casa, te pido que entres en la mía para que estés cerca de mí cada día. Lléname con tu gracia, para que yo pueda abrir mi corazón una y otra vez para recibir tu misericordia. Concédeme que yo sea misericordioso como el Padre por toda mi vida. Vamos adelante en la paz de Cristo. Amén.