Con la Bula «Spes non confundit» (La esperanzano defrauda, Rm 5,5), el Papa Francisco llamó este 9 de mayo de 2024 a todos los católicos a estar atentos a participar durante todo el 2025 con acciones concretas para experimentar en la vida de la Iglesia y en la sociedad el don de la Esperanza. Principalmente, con los hermanos más desfavorecidos por las realidades que afrontan: presos, migrantes, enfermos, ancianos y jóvenes sometidos por las adicciones y otras formas de injusticia social.

El Santo Padre anunció la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro y en el Vaticano, el 24 de diciembre de 2024 para dar inicio al Jubileo Ordinario; el 29 de diciembre, en la Basílica de San Juan de Letrán; el 1 de enero, en la Basílica de Santa María la Mayor, y el 5 de enero, en la Basílica de San Pablo Extramuros. Las tres basílicas cerrarán la Puerta Santa el 28 de diciembre de 2025.

A su vez, las catedrales de todo el mundo iniciarán el Año Jubilar con la solemne apertura de la Puerta Santa, el 29 de diciembre de 2024. La conclusión del Jubileo será el 6 de enero de 2026, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.

A través de peticiones concretas, rebosantes de esperanza  en la oración y en la acción, el Papa Francisco nuevamente actualiza el actuar misericordioso de Dios en la Iglesia y en la sociedad. Entre ellas pide que especialmente los pastores, formen una sola voz, valiente, que «reclame condiciones dignas para los reclusos, respeto de los derechos humanos y sobre todo la abolición de la pena de muerte, recurso que para la fe cristiana es inadmisible y aniquila toda esperanza de perdón y de renovación». Desea ofrecer a los presos un signo concreto de cercanía, y abrir él mismo una Puerta Santa en una cárcel, a fin de invitarlos a mirar al futuro con esperanza y con un renovado compromiso de vida.

En la convocatoria, el Papa expresa que estos signos de esperanza se ofrezcan «a los enfermos que están en sus casas o en los hospitales. Que sus sufrimientos puedan ser aliviados con la cercanía de las personas que los visitan y el afecto que reciben. Las obras de misericordia son igualmente obras de esperanza, que despiertan en los corazones sentimientos de gratitud. Que esa gratitud llegue también a todos los agentes sanitarios que, en condiciones no pocas veces difíciles, ejercitan su misión con cuidado solícito hacia las personas enfermas y más frágiles.

Que no falte una atención inclusiva hacia quienes experimentan condiciones de vida difíciles, afectados por patologías o discapacidades que limitan notablemente la autonomía personal. Que se cuide de ellos es un signo de dignidad humana y esperanza que requiere acciones concertadas por toda la sociedad.

También necesitan signos de esperanza aquellos que en sí mismos la representan: los jóvenes. Ellos, lamentablemente, con frecuencia ven que sus sueños se derrumban. No podemos decepcionarlos; en su entusiasmo se fundamenta el porvenir

Entre los signos de esperanza, el Papa hace un llamado especial porque se alcance la paz en todo el mundo: La exigencia de paz nos interpela a todos y urge que se lleven a cabo proyectos concretos. Que no falte el compromiso de la diplomacia por construir con valentía y creatividad espacios de negociación orientados a una paz duradera.

El Papa Francisco expresó al final de bula: El próximo Jubileo, por tanto, será un Año Santo caracterizado por la esperanza que no declina, la esperanza en Dios. Que nos ayude también a recuperar la confianza necesaria —tanto en la Iglesia como en la sociedad— en los vínculos interpersonales, en las relaciones internacionales, en la promoción de la dignidad de toda persona y en el respeto de la creación. Que el testimonio creyente pueda ser en el mundo levadura de genuina esperanza, anuncio de cielos nuevos y tierra nueva (cf. 2 P 3,13), donde habite la justicia y la concordia entre los pueblos, orientados hacia el cumplimiento de la promesa del Señor.

Los invitamos a leer el documento completo, realmente esta convocación está llena de signos, razones e intenciones para que la Esperanza prevalezca en el mundo y en cada uno de los creyentes.