En el marco de la celebración de la Adoración de la Cruz en el Viernes Santo, Mons. Carlos Enrique Samaniego López invitó a los fieles a contemplar el misterio de la Pasión de Cristo como la expresión más alta del amor que salva.

Durante su homilía, el Obispo explicó cómo los cánticos del Siervo del profeta Isaías encuentran su cumplimiento pleno en Jesucristo, quien, a través de su entrega total, revela que el camino de la salvación pasa por la humildad, el servicio y el sacrificio.

Subrayó que, aun en medio del rechazo, el sufrimiento y la violencia, Cristo no retrocede, sino que permanece fiel a su misión, mostrando que el mal no tiene la última palabra. Por el contrario, es el amor el que vence y transforma la historia.

Mons. Samaniego exhortó a los fieles a no quedarse solo en la contemplación de la Cruz, sino a traducir ese amor en la vida cotidiana, mediante el servicio, la entrega y la fidelidad a los valores del Evangelio, incluso en contextos adversos.

Finalmente, invitó a abrazar la Cruz como camino de vida, reconociendo en ella no un signo de derrota, sino el lenguaje más elocuente del amor de Dios que sigue salvando al mundo.

Mons. Carlos Enrique Samaniego López – Adoración de la Cruz

(Viernes Santo)

Escuchamos en la primera lectura el cántico del profeta Isaías. El Señor Jesús interpreta este y otros tres cánticos haciéndolos suyos; los traduce en su vida, sobre todo en los momentos de la Pasión. El primer cántico presenta al siervo que anuncia la Buena Nueva a los pobres. Ya el Señor Jesús, en su misión, va a encarnar este cántico en aquel día en la sinagoga de Nazaret, cuando dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena nueva a los pobres”. Leía el libro del profeta Isaías, pero después dijo: “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Él es, pues, el siervo que anuncia la Buena Nueva a los pobres, que da libertad a los cautivos, y lo va a hacer sin violencia, sin gritos.

El segundo cántico hace referencia a anunciar el Evangelio a los pobres, liberar a los cautivos, pero con confianza en Dios, no en sí mismo, porque solamente de Dios viene la salvación, solo de Él viene el fruto del anuncio del Evangelio.

El tercer cántico nos presenta al siervo que sigue adelante con su misión, con su entrega por la salvación de todos, aunque algunos lo comienzan a rechazar, algunos se burlan de Él.

Finalmente, el cuarto cántico, que es el que escuchamos el día de hoy, nos presenta a ese siervo que sigue adelante, pero ahora lo atacan de una manera más cruel. Ahora se ensañan cruelmente contra Él, y todo esto no lo hace sucumbir, sino que sigue adelante porque trae la salvación, y todo por amor.

Estos cánticos los encarna el Señor Jesús en su misión, porque su amor es tan grande por nosotros que nos deja ver que el mal no va a tener la última palabra, que su amor tan grande nos lleva a corresponder entregando nuestra vida por Él, que su amor nos lleve a traducir ahora esos cánticos en las partituras de nuestra vida, que su amor nos lleve a traducir esos cantos con las notas del amor, porque el mundo necesita ser salvado y nosotros podemos prolongar la acción salvífica del Señor.

El mundo se salva solamente por aquellos que están dispuestos a traducir esos cantos en las partituras de su vida, amando, sirviendo a través de los deberes cotidianos, a pesar del rechazo, a pesar de que el mundo sea adverso a los valores cristianos.

Abracemos, pues, la Cruz gloriosa de nuestro Señor Jesucristo y, como el siervo doliente, a través de la entrega cotidiana de nuestra vida, toquemos las notas de ese amor más grande que conocimos al ver a Cristo crucificado, solo por nuestro amor, solo para traernos la salvación.