Bajo el lema “El EDAP en renovación, anima la comunión”, se realizó del 23 al 27 de febrero, en la Diócesis de Ciudad Valles, el XXVII Encuentro Nacional de Obispos y sus Equipos Diocesanos de Animación Pastoral (EDAPs), con el propósito de fortalecer la identidad, misión y estructura de estos equipos al servicio de la vida pastoral de las diócesis.
El objetivo central fue que los Obispos, junto con sus EDAPs, reflexionaran en un clima de fraternidad y oración comunitaria sobre la naturaleza, funciones y perfil de sus integrantes, buscando construir estructuras más estables y eficientes que hagan posible la experiencia de la espiritualidad de comunión y sinodalidad eclesial en cada Iglesia particular.
Desde la Eclesiología de Comunión y la Metodología Prospectiva, el encuentro se consolidó como un espacio privilegiado de formación, discernimiento y acompañamiento mutuo para responder con fidelidad y creatividad a los desafíos pastorales actuales.
La sinodalidad en el magisterio del Papa León XIV
El primer día estuvo marcado por la reflexión sobre la sinodalidad en el magisterio del Papa León XIV, impartida por Mons. Roberto Yenny García, Obispo de Ciudad Valles. Se profundizó en cinco rasgos fundamentales:
- La primacía del amor y del servicio como regla suprema en la Iglesia.
- La escucha recíproca como principio permanente para el discernimiento y la toma de decisión.
- El caminar juntos como expresión concreta de comunión.
- La humildad en la búsqueda compartida de las tareas pastorales.
- La comprensión de la Iglesia como misterio de comunión y acompañamiento mutuo.
Se subrayó que la sinodalidad no debilita el ministerio episcopal, sino que la configura según el Evangelio, donde la autoridad se ejerce como servicio. Siempre en torno al pastor, y con la debida corresponsabilidad de sus colaboradores a través de las estructuras de misión, comunión, participación y servicio.
Conversatorio en el Espíritu: del grupo a la estructura
Uno de los momentos más representativos fue el ejercicio del “Conversatorio en el Espíritu”, mediante la dinámica de tres rondas de escucha, resonancia y discernimiento. A partir de esta experiencia, las diócesis participantes identificaron llamados concretos para fortalecer la pedagogía y la estructura de sus EDAPs.
Entre los acuerdos destacan: institucionalizar procesos permanentes de escucha, superar relaciones meramente funcionales para construir verdadera fraternidad, abandonar actitudes clericales, fortalecer la estabilidad estructural y evolucionar de un grupo de coordinación a una auténtica estructura que haga posible la sinodalidad.
El punto de mayor convergencia fue la necesidad de un examen de conciencia pastoral que impulse a vencer el egoísmo y dedicar tiempo real a la escucha y al encuentro fraterno.
Estructuras al servicio de la comunión y la misión
Durante el tercer día se profundizó en el sentido y la espiritualidad de las estructuras pastorales de animación y propuesta. Se recordó que las estructuras son mediaciones históricas que deben adaptarse a los tiempos, respetar la dignidad de las personas y servir a la comunión, participación y misión.
El tema específico sobre el EDAP fue desarrollado por el Pbro. Elmer Jacob Deleón Magdaleno, de la Diócesis de Texcoco, quien destacó que este equipo no sustituye ni manda, sino que anima procesos, promueve la Espiritualidad de Comunión y apoya al Obispo en su ministerio profético.
Se reafirmó que el EDAP está llamado a ser espacio de elaboración de propuestas pastorales, de animación del Plan Diocesano y de articulación entre parroquias, vicarías y organismos diocesanos, siempre desde una espiritualidad de encarnación que asume límites, procesos y tiempos.
Caminar juntos para construir comunión
El XXVII Encuentro Nacional de Obispos y sus EDAPs dejó claro que la sinodalidad no es un evento pasajero, sino una nueva manera de vivir y organizar la Iglesia.
El fortalecimiento del EDAP significa apostar por una Iglesia donde la comunión se traduzca en participación real y en una misión compartida. Allí donde el “yo” cede ante el “nosotros”, y así permitir el florecimiento de una Iglesia más evangélica, más fraterna y más misionera.
