Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“Un pueblo rebelde que rechaza y desprecia”

Son palabras del Profeta Ezequiel, mis queridas hermanas, que él vivió en carne propia; y con el Profeta Ezequiel pues tanta gente, tantas personas, tantas actividades o responsabilidades que así han sido pues, valoradas, no valoradas, despreciadas. Y vemos en el Santo Evangelio, vemos en la vida del Apóstol san Pablo y de todos los apóstoles ‒de hecho todos los apóstoles fueron martirizados‒ claro después de sufrir rechazo, desprecio, y no se diga nuestro inocente Cordero, nuestro preciosísimo Señor Jesús. Y eso, pues desde que Él fue concebido estuvo a punto de ser pues rechazado por el mismo san José, porque él no sabía cómo era su concepción, y después los doctores, después los habitantes de su Ciudad natal: Belén; y así la lista es interminable: su propia familia, sus conocidos, sus paisanos, pues como lo rechazaron, incluso lo despreciaron; hay un texto en San Lucas en donde no solo, Marcos solo dice que lo despreciaban, lo minimizaban, pero Lucas dice ¡no! que se le echaron encima y que querían matarlo despeñándolo por una barranca que había en Nazaret, su Ciudad.

Pues queridas hermanas, mis queridos hermanos, qué lección tan hermosa nos da pues Nuestro Señor Jesucristo, Él mismo fue rechazado, fue incomprendido, a Él se le quitaron muchos bonos, mucha credibilidad, y pues qué hermoso que nosotros que somos sus discípulos, en alguna o en muchas ocasiones vivamos esto, y a veces muy en cortito, incomprensiones, lecturas negativas de la vida, juicios, y por eso tenemos esta gran lección de Nuestro Señor: Él no se dejó, no se abrumó, no se acomplejo, ¡siguió!, lo que pudo lo hizo; en Nazaret no pudo hacer muchos milagros ‒san Mateo dice que siempre curaba a todos, todo el que se ponía en su espacio, en su camino recibía las bendiciones infinitas del Mesías, del Hijo de Dios, los curaba a todos, y se repite: los curó a todos‒ Nazaret no pudo, no quiso, ellos no querían, muy poquito pudo hacer en su propia tierra; pero otra vez, Él no se acalambró, no se puso a chillar y decir «¡no! ahí nos vimos, no esto no va a funcionar!» ¡Nada de eso! siguió, se fue a predicar a otras ciudades, a otros pueblos, incluso con mayor empeño, entrega, tan es así que hasta a sus propios discípulos los involucró en la misión; en el evangelio de Marcos aparece que debido a esos rechazos y fracaso, Nuestro Señor impulsó a sus discípulos, los invitó, los invitó a compartir su sagrada misión.

Siempre habrá personas pues malitas o crueles, ‒pero repito‒ como Nuestro Señor: nada de acomplejarnos, nada de desanimarnos, nada de tirar la toalla, teniendo la conciencia de servir a Dios, el compromiso gozoso de serle fieles, tenemos que seguir, y con verdadera incluso alegría, porque somos servidores, porque somos suyos, porque estamos haciendo y ofreciendo lo que nos toca, y entonces la cosecha será grande; hoy lo vemos: Nuestro Señor Jesucristo Cristo es escuchado, venerado, adorado, pues en los cinco continentes; casi podríamos decir no hay una nación donde no se conozca su nombre, su mensaje, será modestamente pero a todos ha llegado el anuncio de Jesús, la presencia del Salvador. Bueno pues alegrémonos, porque la adversidad, porque las cosas difíciles pues son nuestro espacio para trabajar, para manifestar la Gloria de Dios, para honrar dignamente a nuestro Divino Señor.

 Y por otra parte también nosotros tengamos en cuenta ‘no ser no ser jamás agentes de maldadꞌ nosotros no andemos rechazando, juzgando, despreciando a nadie, porque tú no conoces a fondo el corazón, tú no conoces a fondo la acción del Espíritu, lo que Dios está haciendo en las personas, y te expones a hacer ese pueblo rebelde, ese pueblo que no es agradable a Dios Nuestro Señor; nosotros sigamos valorando, sigamos buscando la forma de ser respetuosos con quienes están con nosotros, con quienes están cerca, con quienes conviven, y nunca menospreciar a nadie, al contrario, nosotros no seamos como los rebeldes de Israel que dicen los profetas y Cristo: ‘ellos nada más honran a los que no conocen, a los que están lejos, a los que ni siquiera hacen nada por ti′ ¡no! nosotros valoremos, respetemos a las personas cercanas, porque esto también ya se está metiendo mucho, tú estás conviviendo en la familia, estás con los amigos que vinieron, que te saludaron, que se sacrificaron, y te pones a responder una llamada de alguien que a lo mejor ni te interesa, ni tiene asunto ‒y ahí estás tú colgado del teléfono‒ mejor haciéndoles caso a los que nada más agarran el teléfono, a los que cómodamente ya te cortaron tu trabajo, y a estos que vinieron, y a estos que se sacrificaron, y a estos que se esfuerzan por estar cerca de ti, no les haces caso. Bueno empezando por el Obispo pongamos mucho empeño en ubicarnos y valorar a los que Dios pone cerca y a nuestro alcance en nuestro camino. Así sea.