Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“Hambriento, sediento, migrante, desnudo, enfermo, preso, y me visitaron”

Queridas hermanas mis queridos hermanos, en un momento tan bonito para la Diócesis, para la Catedral, en que llegan los Ministros Extraordinarios de la Comunión, nosotros aprendemos y recordamos algo muy bello en la Iglesia: “¡Peregrinar! caminar hacia…”  Hoy el mundo tiene mucho dinamismo para la movilidad, como nos movemos; incluso mentalmente hay mucha rapidez mental, desde los niños, migrantes de la tecnología; hoy nosotros ojalá no perdamos ese gozo de peregrinar, de hacer procesiones, de ir a los Santuarios.

Por favor que no se me entienda mal  esto que quiero comentar, y sobre todo me lo quiero comentar a mí mismo, hay que movernos, hay que reaprender, hay que valorar, hay que ubicar los Santuarios del cristianismo, donde están los lugares sagrados por excelencia de los cristianos, ‘mi Jerusalén′, Nuestro Señor es de las órdenes, yo diría fuertes, terribles, que dio a sus discípulos; imaginémonos esto frente a los judíos, frente a los israelitas: «¡váyanse de Jerusalén! ¡salgan por todo el mundo! peregrinen, anuncien el Evangelio y bauticen, y perdonen los pecados, y curen a los enfermos, el que crea, el que les crea se salvará». Imaginémonos qué orden tan terrible para Jerusalén, la Ciudad de ‘glamur′ la ciudad encantadora, no lo es ya, el Santuario de Jerusalén, no lo es ya. El Santuario, los Santuarios de Jesús son: hambrientos, sedientos, desnudos, migrantes, enfermos, presos.

Hoy ustedes y yo queridas hermanas, pidámosle a Nuestro Señor nos dé ese gozo de peregrinar a estos santuarios, Dios lo ha hecho, nuestro Padre Celestial ;dice el Salmo 113 que mientras más lo podamos contemplar sentado en su Trono de Gloria, excelso sobre los cielos y la tierra, Él se abaja de su silla y se va a los basureros, a las polvaredas, a los revolcaderos, y ahí se fija en sus hijos, ahí se pega, ahí se entrega a los pobres, a los débiles, a los heridos, a los miserables; y no va para hacer ahí payasadas, va a acariciarlos, a bañarnos, a limpiarlos, a recogerlos, a subirlos, a sentarlos con los príncipes de su pueblo; esto lo ha hecho el Padre Celestial, esta es la ruta perfecta del amor, es la ruta perfecta de lo Divino, de Dios, y Cristo lo hizo igualito que su Padre.

Hoy nosotros que celebramos lo más excelso de Jesús: Cristo Rey, aprendamos donde está su Trono, donde está su Palacio, donde está su Castillo: ‹yo estaba con los hambrientos, estaba con los sedientos, estaba con los migrantes, con los desnudos, con los enfermos y los presos›. ¡Peregrinemos! espontáneamente, más frecuentemente, en mejor disposición, nobleza hacia esos hermosos Santuarios del cristianismo. Amén.