Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“¡Conságrenlos, Bautícenlos!, conságrenlos al Padre al Hijo y al Espíritu Santo”.

Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, Fiesta de la Santísima Trinidad. Desde que llegó Jesucristo la enseñanza, la revelación alcanzó la cima, el cenit del conocimiento de Dios, hasta que llegó Cristo el querido pueblo judío aprendió la existencia de un solo Dios, un solo Dios verdadero: «“Y lo amarás” ‒es el Señor tu Dios‒ lo amarás con todo corazón, tu mente, tu ser y todo lo que se añada, recojas a lo largo de tu vida, a Dios con todo».

 Y cual no fue la sorpresa de Nuestro Señor Jesucristo que dijo: ese único Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo; en pocas palabras la revelación antigua habla de la esencia y de la identidad de Dios, Jesucristo nos habla ‒digamos‒ del dinamismo, la riqueza, la hermosura de Dios; de suerte que nuestro Padre Dios tiene una identidad, pero no es soledad; Dios no es aislamiento, Dios no es lejanía, “relación”; de la identidad surge la relación, y a medida que tu perfeccionas tu capacidad de relacionarte como el Padre celestial, pues adquieres una autoestima, una satisfacción y una felicidad inmensa.

Por eso me gusta el término que la Iglesia Romana dio a la Santísima Trinidad “Beata Trinitas” “Feliz Trinidad”; como que esa primera característica que le dio la Iglesia Católica Romana a la Santísima Trinidad es muy acertada; Dios es el ser ‒como Santísima Trinidad‒ Dios es el ser más exitoso, más sabio, que más ha amado y que más ha sido feliz. Y bueno, desde ahorita pensemos: nos quisointegrar, nos quiso juntar, quiso hacer alianza con nosotros; y la alianza perfecta pues es la de Jesús, cuando Él entregaba su cuerpo, cuando Él entregaba su sangre, estaba dando todo lo de Dios, lo que se ve: el universo, lo que no se ve: pues el cielo, la verdad, los conocimientos, el amor, la paz, la comunión, la cercanía, la satisfacción que hay en cada ser humano.

Por eso junto con ustedes mis queridos hermanos, quiero adorar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo; junto con ustedes quiero que otra vez nuestra vida camine, se dinamice en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; y que al final de la jornada haya una satisfacción muy grande de descubrir que todo lo hicimos para gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; este dinamismo la Iglesia lo tiene en todos los momentos en que se presenta ante el Pueblo de Dios, todo es en el nombre del Padre, y todo es gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Y yo me atrevería a decir: El Misterio de la Santísima Trinidad se respira, se siente en todo el universo; en el universo no hay monotonía ‘sintonía′, no hay monotonía hay sinfonía, no hay soledad hay comunión; no nos quedamos en el punto, sino que tenemos una gama muy rica y extensiva, expansiva, de todo lo que existe; por lo tanto, nosotros ‒como decía la Iglesia latina‒ seamos felices porque somos del Señor, porque pertenecemos a Dios, nos sostenemos en Él y nos dinamizamos gracias a Él.

Hay muchas expresiones bellas para que nosotros crezcamos en el conocimiento de este misterio, el Padre celestial: glorioso, creador, victorioso; su Hijo: espléndido, el Hijo de Dios, Jesucristo, nos dicen los Salmos, la Palabra: hizo los cielos y la tierra, Jesucristo es el admirable constructor del ser humano, de la ecología espiritual interior de todo ser humano, el espíritu santo lleno de hermosura el universo, el aliento ‘el ruah′, el aliento de Dios hizo las estrellas, así lo dicen los Salmos; y eso significa pues precisamente, la colaboración y el dinamismo de esa grandeza de nuestro Padre Dios; pues gloria, esplendor y majestad.

Tal vez entre nosotros, entre los pueblos nahuas, esto se podría entender ‒y de hecho así fue‒ que México agarró con tanto entusiasmo la fe católica, porque esta fe trinitaria, nos trajo rostro, sonrisa, corazón; in xochitl in cuicatl, centli nosotros somos rostro, nosotros somos flor, nosotros somos canto y maíz, maíz-corazón; todavía algunos pueblos nahuas cuando quieren dar un agradecimiento muy sentido, no solo dicen tlalzokamati o  tlaskamati, sino dicen tlalzokamati miaꞌ noyollo “gracias de corazón”.

Así, la revelación llegó en una forma tan sencilla y profunda a nuestros pueblos, que ese sueño que había tenido nuestro Rey Nezahualcóyotl; Ahcolmiztli Nezahualcóyotzin soñó que su pueblo tuviera rostro y corazón, que se tomaron en cuenta el rostro de las personas, que no soportáramos ver un rostro triste, deshecho, lleno de lágrimas, que diéramos vida hermosa al rostro y no crueldad, no dureza, ‘corazón′, y no solo amor sino también cuicatl – ‘canto′, sonrisa.

Por eso cuando llegan los misioneros y precisamente aquí a Texcoco, fue donde primero se comenzó a enseñar la doctrina cristiana, nuestros pueblos, los niños, las mujeres y los tlatoanis, los mazehuales, acogieron con gozo la enseñanza, porque finalmente tendríamos un Dios, que se había dicho sería ‘cercano′ juntito, y que nos entiende y que nos hace, y nos hizo las flores hermosas, el canto bello, el hermoso cacao, el hermoso licor, y finalmente pues Cacamatzin llegó a decir Dios y tlazotl: es bello.

Pues esto es la Santísima Trinidad, mis queridas, mis queridos hermanos, nuestro Padre: nuestro Redentor, y nuestro dinamismo el Espíritu Santo: principio, don, esplendor, fuente, gracia, gratuidad, en Dios todo es gratuito, espontáneo, y además eterno, perenne; que ustedes y yo sigamos amando, buscando, tratando de entender mejor, o mejor dicho, amando a la Santísima Trinidad ahí está la mejor explicación de lo que somos, de lo que podemos, y de lo que seremos. Así sea.