Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco
“Ha amado mucho”
Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos espero que nadie se vaya a ofender, pero quiero presentar a su consideración primero, enseguida a Cristo al Padre Celestial, quiero presentar a nuestro Diócesis como a esa mujer que tuvo la dicha, tuvo la gracia, el atrevimiento, de postrarse a los pies de Jesús para adorarlo, para besarlo, para enjugar con sus ojos y sus lágrimas sus sagrados pies.
Recordemos que el discípulo número uno, el ayudante número uno de Mahoma, cuando le preguntaron acerca de Cristo ¿qué pensaba o qué sentía? el dijo: ‘si yo hubiera vivido en tiempos de Cristo, lo hubiera cargado, me lo hubiera echado a mis espaldas, lo hubiera llevado en mis hombros a todas partes, a donde Él hubiera querido, para que sus sagradas plantas, sus pies no se ensuciaron.
Esta mujer tuvo la dicha de ponerse a los pies de Nuestro Señor y besarlos, y mojarlos con sus propias lágrimas, enjugarlos con sus cabellos, y besarlos sin fin; y Nuestro Señor fue disfrutando, sintiendo, recogiendo paso a paso todos los detalles de cariño de esta mujer, al punto en verdad, de quedar contento, satisfecho.
Y yo le quiero pedir a mi Señor junto con ustedes, que hoy Él permita que nuestra Diócesis de Texcoco repita esa acción tan bella, candorosa, atrevida, de poder estar a sus pies, caer a sus pies, aunque seamos pecadores, aunque no lo merezcamos, aunque molestemos, aunque escandalicemos, pero que nosotros, Iglesia diocesana de Texcoco, quedemos con el compromiso, el deseo de caer, y de estar siempre a los pies de Cristo; y acariciarlos, y besarlos, y enjugarlos con todo: nuestra mirada, nuestra cabellera, nuestros labios, nuestro propio corazón.
Esta es la imagen, mis queridas mis queridos hermanos, que como quisiera yo disfrutar y ofrecer a Cristo, al Padre Celestial mismo; lo que se hace a Cristo, llega al Padre Celestial, y todo lo que Cristo nos trajo venía del Padre Divino, y todo lo que llega a Cristo sube en línea directa al Padre Celestial.
Yo quiero decirle al Padre Celestial, que en Texcoco se sienta amado, adorado, querido, fascinante; que no vivamos, que no podemos vivir, no queremos vivir sin Él, sin su corazón, sin su amor, sin su espíritu, sin su Hijo; que nosotros nos sentimos pequeños, nos sentimos indignos, pero con un gran anhelo de amarlo y de servirlo, y de tenerlo siempre con nosotros en nuestro propio cuerpo, en todo lo que es ese don tan grande y bello que nos ha dado al invitarnos al banquete de la vida, al banquete de la fe católica, al banquete del servicio, al banquete del amor y de la felicidad.
Que a nosotros Diócesis de Texcoco nos dé una gran sabiduría, atrevida, extravagante, generosa, con tal de estar a sus pies; que nos conceda crecer en la virtud, para que también a nosotros Él nos diga: «Tus pecados te son perdonados, vive en paz, tu fe te ha salvado». Nosotros le pedimos que de la Diócesis de Texcoco en diga: “Tu amor te ha salvado”.
Amén.
