Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“Y fue tentado por satanás.” 

Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, el texto del Santo Evangelio según San Marcos el día de hoy, es muy sobrio, muy chiquito; simplemente dice que Nuestro Señor fue al desierto para ser tentado por Satanás, ¿por qué Nuestro Señor sufrió? ¿Porque también Él enfrentó, esa realidad humana? Porque de la tentación sigue la tortura; a una persona que se le tienta, que se le prueba, se hace para después burlarse, desacreditarla, atormentarla; en realidad esa es la dinámica del demonio.

 Ya sabemos por ejemplo nosotros, el Pueblo de Dios, es el pueblo de la alabanza; alabar al Señor, adorar a Dios, alegrarnos en la presencia del Señor; en cambio el demonio tiene como costumbre, metodología, ¡no alabanza!, queja avanza, quejarse, quejarse de todo, todo le parece mal, todo está mal, todo merece desprecio, ‒sobre todo las personas‒ en cambio el sistema de Dios, es el amor, es el encuentro, la acogida, el respeto, la felicidad de los demás.

Y por eso, hoy nosotros agradezcamos mucho a nuestro Señor Jesucristo, que quiso soportar, Él también quiso vivir, lo que todos los seres humanos hemos vivido: las tentaciones, las pruebas, las descalificaciones, los rechazos; y al final pues, verte sufrir, que no seas de Dios, que dudes de Dios, que reniegues de Dios, que estés verdaderamente desilusionado, que estés pues como quien dice, descuidado ya, porque al final dice uno ¿a quién le interesó?, Dios no me quiere, Dios me abandonó.

Queridos hermanos, Cristo enfrentó, sufrió esas experiencias, salió triunfante, y salió triunfante para nosotros, y salió triunfante para que entendiéramos pertenecer al Reino de Dios, que nosotros tenemos una palabra buena, para nosotros hay palabras amables, santificadoras, de estímulo: El Evangelio es una “buena noticia”, o muchas buenas noticias; la principal aparece al final del texto chiquitito de hoy: “Anunciaba el Reino de Dios”, va a venir en una forma generosa, cercana, espléndida, el Padre Celestial.

Él es el Rey verdadero del género humano, de la historia y Él es amor, Padre, cercanía; Él es el que cuida hasta los cabellitos de tu cabeza, y los cuenta para cuidarlos, para resucitarlos, para llenarlos de gloria, Él te protege como la niña de tus ojos. Eres importante, tan importante para Él, que te perdona, te comprende, te levanta, es más, levanta a quienes menos nos imaginamos: como somos los pecadores, como somos los necesitados, como somos los que hemos fallado, los que hemos caído, los que estamos derribados, levanta del polvo, alza de la basura, y a todos los sentará entre los príncipes de su pueblo. Mis queridas hermanas, queridos hermanos, acerquémonos a Cristo cada vez, a Dios, para encontrar ese camino tan bello de la alegría, de la convivencia, de la paz, del respeto, de la esperanza, y no el demonio; fijarse en cualquier cosita, buscar pretextos para hacer sufrir, para hundir, para hacer daño, para condenar a los demás. El Reino de Dios está aquí, está en Cristo; el Reino de Dios está en su Palabra, en su oración, en su cariño que nosotros le podamos ofrecer a Nuestro Señor, y dejarnos empapar, dejarnos hacer, modelar, dirigir, por esa sabiduría infinita, amorosa del Reino de Dios, o sea , del mismo Dios, nuestro Padre Celestial. Así sea