Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“Limosna, oración, ayuno”.

Cómo en boca de Nuestro Señor, todas estas prácticas, estas enseñanzas, adquieren un matiz inolvidable, que marcó para siempre el corazón y la vida de la Iglesia, de los discípulos de Jesús. Los discípulos de Jesús tienen un espíritu nuevo, un estilo diferente ‒decíamos hace poco‒ un toque personal, el toque del Padre celestial, el Espíritu del Padre de Dios,

Por eso con el profeta Joel hoy, nosotros demos gracias a Dios, porque llegamos a la Casa del Señor, llegamos a su Templo en busca de la misericordia, en busca de la purificación, y en busca del gozo, de la sabiduría que nos ha traído Nuestro Señor Jesucristo. Cuando tenemos el espíritu de Cristo Nuestro Señor inmediatamente responde, inmediatamente se compadece, se acerca, toca nuestras heridas; y desde la intimidad nos reconstruye, nos consuela, nos levanta.

Al iniciar pues la Santa Cuaresma mis queridas, mis queridos hermanos, pues llenémonos de esa santa alegría de los que han recibido el Reino de Dios, de los que han recibido una invitación tan grande, tan especial como esta: “cambien”, cambien su cabecita, su mentalidad; cambian su corazón, sus actitudes, sus sentimientos; cambien su palabra, que se acabe la palabra vengativa, amenazadora, que su palabra revele que nosotros tenemos incluso un canto nuevo que se llama Cristo El Mesías, un canto especial que agrada a Dios, y también es agradable a nuestros hermanos y que se llama El Evangelio, el lenguaje con que nosotros nos expresamos ahora es el mismo de Cristo, ahora Él llena la intimidad y de ahí brota una fuente de agua viva, fuente de sabiduría y pues de inmenso gozo.

Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, los discípulos de Cristo, la Iglesia Católica es pues, la que por su misericordia ha recogido los tesoros del Reino de Dios, que se manifiestan pues, desde lo pequeñito, desde lo cotidiano, y que reconstruyen los tejidos familiares, los tejidos sociales, y eso que tanto, muchas Instituciones han buscado el bien común pues se convierte en realidad, en un aporte comunitario. Hoy parece que nos esforzamos en el mal común, que todos andemos mal, que todos hagamos cosas descabelladas, que todos nos metamos a lo sucio, a lo amargoso, a lo ridículo, a lo perverso; hoy pues que la Iglesia inicia el santo tiempo de la Cuaresma, nosotros por la misericordia de Dios desde su Iglesia Católica, abrimos tiempos nuevos, espacios nuevos, actitudes nuevas, espíritu nuevo, y claro, una alabanza infinita, gozosa a nuestro Padre Celestial que ve lo escondido que está en lo secreto, que se acerca a lo pequeñito de nuestra propia vida. Así sea.