Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco
“Maestro bueno ¿qué hago para alcanzar la vida eterna?”
Hoy la Iglesia centrándose en Cristo, pide como este hombre alcanzar la vida eterna, la salvación -y de una vez lo decimos- la vida nueva, la salvación, la felicidad y la plenitud, solo están en Jesús en el Hijo de Dios, el que nos ha traído todas las bendiciones de parte del altísimo, el que nos ha dado las llaves del conocimiento del bien y del mal, el que nos ha dado el Espíritu para que nosotros seamos capaces de caminar con sabiduría, prudencia, y con todas las virtudes que se necesitan para poder alcanzar la salvación.
Pero de todos modos, quiero recoger todo el patrimonio dominical de la Iglesia para el día de hoy, y empezar con asomarnos a este tema: La Sabiduría חָכְמָה Jojmá en hebreo, σοφία sophia en griego, la sapientia, la sapiencia latina, y la sabiduría entre nosotros, para nosotros. Nos dice el autor del Libro de la Sabiduría que es lo que más le interesó, lo que más busco, lo que más pidió, la sabiduría; de hecho los grandes, los buenos pueblos de la antigüedad tienen el asunto de la sabiduría en el centro, en el patrimonio fundamental de su vida personal y social.
Es interesante por ejemplo asomarnos al mundo griego, como era importante alcanzar la sabiduría, como era importante dejarse guiar por la sabiduría; claro que siempre estuvo salpicado de politeísmo, y bueno pues se consultó a los dioses, se consultó a las pitonisas, a las civilas para alcanzar la sabiduría; se edificó un santuario magnífico, increíblemente grande, el santuario de Delfos, para que desde ahí el pueblo griego pudiera recoger la sabiduría de lo alto, pero sabemos, esa sabiduría llegó hasta que Jesucristo estuvo con nosotros.
La Iglesia Ortodoxa griega tiene el buen gusto de poner en ese gran patrimonio de los iconos, sus imágenes ‒ellos no tienen esculturas, pero sí tienen muchas imágenes y muy bellas de Cristo‒ Pantocrator Pantocrátor, de la Santísima Virgen; y sin duda a la Santísima Virgen la personifican muchísimas veces como αγία σοφία (agía Sofía) ‘la Santa Sabiduría′, y en sus iconos es emocionante descubrir a la Santísima Virgen “Trono de la sabiduría” sentada a su derecha Πίστις (hê pistis), a su izquierda Ἐλπίς (Élpis) y en el centro Αγάπη (agapē), o sea la sabiduría por excelencia se alcanza gracias a la fe, a la esperanza y al amor; y la Santísima Virgen es la depositaria más linda para caminar en la fe, descubrir la fe, vivir de fe, tener esperanza, vivir profundamente la esperanza, confiar en que Dios es fiel y cumple sus promesas; la fe pues, la esperanza y el amor, en el centro de esas virtudes que nos llevan a la vida eterna.
Y de esa manera, pues nosotros podemos saborear lo que dice hoy el autor del Libro de la Sabiduría: la sabiduría es preciosa, la sabiduría es una luz que nunca se acaba, la sabiduría ofrece todos los bienes en que nosotros podemos soñar y necesitar, la sabiduría lleva y da riquezas incontables, la sabiduría es la llave de la Misericordia, del amor, de la alegría; la sabiduría es la que nos preserva de tantos males y congojas, la sabiduría es bondadosa, nos da prosperidad, y la sabiduría nos lleva a la gloria.
Vemos hoy nuestro mundo destrozado, desordenado, y vemos un mundo tan herido, tan abismal, tan miedoso, tan lleno de miedos y produciendo y cada vez más miedos, más desórdenes, más abusos, y nosotros hoy tenemos el acierto de pedir la sabiduría, la base de la salvación, el dinamismo para contrarrestar tanta maldad, tanta oscuridad y tanta frustración. Que dicha que la Iglesia Católica hoy, y sobre todo en México, nos hace un llamado a ser sabios, a ser prudentes, a ser cuidadosos, pero sobre todo, a acercarnos a Cristo, ponernos a los pies de Cristo para escuchar su Palabra, para recibir su gran sabiduría, ponernos cerca de Cristo para impregnarnos de todo ese poder amoroso que Él tiene para salvarnos, y ofrecernos la vida eterna.
Y para ello hay un matiz que hoy el Evangelio, junto con ustedes yo quiero recogerlo, nos está ofreciendo: despojarnos, renunciar a tanta cosa nuestra que lleva pues mucho egoísmo, mucha avaricia e incluso mucha maldad; a este joven, este hombre que llegó emocionado, seguro de que en Cristo encontraría vida eterna, sabiduría eterna, cuando Nuestro Señor le dijo: ‘vienes cargado, ya estás lleno de virtudes, de riquezas, despójate porque te falta una: El Mesías, algo te falta, lo más importante: El Salvador, el Hijo de Dios′ con su enseñanza, con su estilo de vida; ‒y por eso él como diciéndole ¿y qué tengo que hacer?‒ ‘pues vende todo lo que tienes y experimenta el gozo de la caridad, el gozo de la generosidad y da el dinero a los pobres, y después te vienes conmigo y caminas, estás conmigo, y encontrarás la vida eterna′.
Qué bueno que el Evangelio, hoy San Marcos en su capítulo 10, nos hace una pintura muy clara: este hombre que llegó corriendo, que llegó feliz, al ver a Cristo da media vuelta, se entristece, se va apesadumbrado porque tenía muchos bienes, él quería seguir apoyándose, él quería seguir teniendo como secreto de vida la riquezas, y pues todas sus ganancias o todos sus bienes, y se fue, se fue muy triste; San Agustín muchas veces dijo: ‘¡ay de aquellos que se alejan de Cristo”′ y también lo decía ‘qué tristes, pobres aquellos de quién es Cristo se aleja′.
Ustedes y yo venimos a acercarnos a Cristo, y seguimos insistiendo y seguimos decididos estar, a quedarnos con Jesús, a escucharlo, a obedecerlo, a comprenderlo, a hacerle caso y alcanzar la salvación; porque, si no nos convertimos y si no renunciamos, pues seguiremos en nuestros bienes, pero sobre todo en nuestra soledad, nuestra amargura, en nuestra ansiedad e impotencia, tristeza muy grande como la de este que se alejó de Cristo, que lo consideró muy poca cosa.
¡Valoremos al Señor!, llenémonos de emoción porque hemos tenido acceso a Cristo, porque desde el bautismo todos nosotros hemos tenido el privilegio dinámico de ir, asistir, depender, buscar, obedecerte a Cristo. Pues a Él sea la gloria, y que esa gloria se manifieste en la felicidad de todos ustedes, sabiendo que mientras lo tengan a Él, tienen la sabiduría, tienen el acierto, y tienen la felicidad y la paz de Dios.
Así sea.
