Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo en una muerte, y muerte de cruz”.

Pues mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, en todo México ciertamente es una fiesta grande, bonita La Santa Cruz, porque la cruz es Jesús, la cruz nos hace pensar en Dios, en su amor infinito; cuando Dios nos estaba regalando la salvación a través de Cristo, a través de su amor por nosotros, a través de esa obediencia tan fiel, tan exacta de Nuestro Señor Jesucristo.

Tocar la cruz es tocar a Cristo, mirar la cruz es mirar a Cristo, elevar la cruz es elevar a Cristo, adornar la cruz es adornar a Cristo, decirle que es hermosa su persona, su enseñanza, su palabra, sus milagros, sus conductas, todo lo que él representa; en Él esta Dios, en Él está la cercanía de Dios.

Por eso México, la cruz la siente tan suya, la ha integrado a esa cultura tan bella que se llama “Flor y Canto”; no le podía faltar la flor, el adorno, la belleza, a la cruz de Cristo, porque Él es eso y más que eso, Él es el más bello de los hombres, y nos ha dejado el signo, el símbolo más bello de toda la historia de las religiones: la cruz ha traído una potencialidad muy grande a la fe, a las creencias, y sobre todo pues a la fe en el Hijo de Dios.

Ustedes y yo pues, celebremos este día con inmenso gozo, recibamos la cruz como un regalo y pues también ahí un poco entender que, las pruebas de la vida, los desprecios como los que sufrió Cristo en la cruz, el abandono como el que sufrió Cristo Nuestro Señor en la cruz, unidos a Él, se convierten en una victoria, triunfo, éxito.

No ha habido un signo más exitoso que la cruz de Cristo, y por eso la vemos chiquita, la vemos más grande, la vemos grandísima, la vemos en las casas bueno sobre todo que esté en el corazón, en el cuerpo, en las familias, en las calles ‒incluso‒ en las montañas, en los caminos; porque queremos que en México, donde quiera se respire, se contemple a Dios.

A ustedes los felicito, y estoy seguro de que la traen con orgullo, con una fe muy grande, de que esa cruz de Cristo les transformará su dolor, todo su sufrimientos; las cruces de cada día se las adornará, se las convertirá en una experiencia feliz, en una experiencia agradable, exitosa, grandísima, de felicidad y de paz.

Presúmanla, llenen las calles de esa santidad, esa belleza y humildad de la cruz de Cristo; cuando caminen de la Iglesia a su casa, o las personas de la construcción de su casa o de la Iglesia al trabajo, que piensen: vamos a llenar Nuestra Patria, vamos a adornar nuestra Patria, vamos a salvar a nuestra Patria con la cruz de Cristo, que está, se pasea, adorna y redime nuestro corazón, y nuestra bendita Patria de México. Así sea.