Por Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

“Él hablaba del Templo de su Cuerpo”

Mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, pues qué regalo tan grande este de la palabra de Nuestro Señor el día de hoy en que la Escuela MIRAL ‒escuela para hermanos invidentes‒, la Parroquia de San Jerónimo Amanalco con: Santa María, Santa Catarina, Guadalupe, vienen a esta casa, a este santuario, que el Papa Francisco inauguró como un Santuario para recibir la Indulgencia Plenaria y la Bendición papal, durante este Año Santo Texcocano: “Él, hablaba del Templo de su Cuerpo”

Y efectivamente mis queridas hermanas, mis queridos hermanos, vean como desde los atrios “Qué agradables son tus atrios Señor de los ejércitos” ‒decía el santo Rey David‒ ‘dichosos los que llegan a tu casa, te alabarán, te felicitarán, porque eres grande, bueno, santo, misericordioso′. “El Señor prefiere las puertas de Sion, a todas las moradas de Jacob” hay muchas puertas en el mundo, pero la puerta consentida, pues es la de la Casa del Señor; ahora vemos porque, ¿por qué Dios prefería esas puertas? porque decía Jesús, porque esperábamos al Mesías ‘Yo soy la Puerta, entren, y los que entren se salvarán′.

En Jerusalén amurallado, hay ocho puertas, todas están abiertas menos una, y es porque los judíos no creen en Cristo, esa puerta los judíos la llaman shaara rajamín “La Puerta de la Misericordia” la puerta adorada; y los judíos con cierta tristeza dicen: esa puerta está cerrada porque solo El Mesías podrá entrar por ella, hasta que llegue El Mesías se abrirá la Puerta de la Misericordia, y dicen los judíos: los cristianos aseguran que el Domingo de Ramos, Jesús cruzó, Jesús pasó por shaara rajamín  La Puerta de la Misericordia.

Entonces los atrios, la puerta, y luego llegamos al altar, es la roca; esta roca nos la regalaron los ejidatarios y los habitantes de Coatlinchán, de la misma beta en donde se sacó aquella figura de Tláloc; y ellos quisieron darnos para la Catedral esta roca, que pesa 12 toneladas, es de ‘andesita′ pues casi recinto, y ellos la regalaron, al llegar aquí la, pesaba 15 toneladas, al llegar aquí se cayó por lo voluminoso, y botó esta otra piedra que, rápido el padre Valentín ‒en ese tiempo Rector de la Catedral‒ dijo: ¡tenemos el ambón! El altar es Cristo, porque aquí en Texcoco, si un día se adoró a Tláloc, hoy se adora a Jesucristo, el altar es Cristo, el lugar perfecto, el sacrificio perfecto, la víctima perfecta es Cristo, por eso el altar es Cristo. Y nosotros tenemos ese gusto, ese privilegio de adorar al Padre celestial desde el santuario y desde el altar más sublime, más perfecto, santo, que se llama Jesucristo: Jesucristo la Puerta, Jesucristo el Santuario, Jesucristo es el Altar; y hoy todos nosotros tenemos ese privilegio de adorar a Dios pues, en el verdadero Santuario, que se llama Cristo.

Hoy, aparece cuando Nuestro Señor, echa fuera del área del Templo a comerciantes, a personas que no entendían, no les interesaba a Dios; y Él, más que purificar ese Templo de Jerusalén, estaba significando que ahora el Templo, el lugar sagrado para estar con Dios es Él; y de hecho donde está Cristo se escucha: la oración, las peticiones, las necesidades del Pueblo santo de Dios. ¡acuérdense! había muchos cieguecitos, había muchos paralíticos, había muchos enfermos, había muchos sordos, muditos, personitas eh pues, endemoniados les llamaban, esquizofrénicos y deprimidos, y Cristo los curó a todos.

Ahora la gracia, la salud, el amor, la sabiduría de Dios está en Cristo, no en el Templo de Jerusalén; ahí se instruía al pueblo, ahora es Cristo el Maestro, ahora es Cristo el médico, ahora es Cristo Dios mismo; respondiendo, educando y transformando nuestra vida de pecadores en una vida digna, justa, santa para poder servir a Dios; ahora la ofrenda más bella que podemos tener se llama Jesucristo; entonces Cristo es la Puerta, el Santuario, el Altar, la Ofrenda preciosa, perfectamente agradable a Dios. Y por eso, pues damos gracias a Nuestro Señor, y nos sentimos en el camino justo, nos sentimos en el sendero del amor, de la vida, de la salvación.

Y permítame junto con ustedes, recordar ese patrimonio que el Pueblo de Dios tiene; el Pueblo de Dios  se basa en el amor; la característica del Pueblo de Dios: “amarás”; amarás a Dios, también amarás a tu prójimo “amarás”; acuérdense que el árbol del amor se está destruyendo. Ojalá estas comunidades tan bellas: San Jerónimo, Santa Catarina, Santa María, Guadalupe, sean comunidades en donde se sigue respetando, buscando, cultivando el amor; y de hecho gracias a eso, a que ustedes aman a Dios, el Señor los ha bendecido con, y los ha hecho una tierra de: músicos, artistas, artesanos, maestros, directores, creyentes, valientes, con una identidad, de identidad preciosa de pueblo, autoestima; es un pueblo festivo, ustedes son pueblos alegres, no chillones, no acomplejados; ustedes son un pueblo feliz, un pueblo esforzado, luchista, guerreros, y por eso qué agradable que hayan venido todos, como decir el Libro del Apocalipsis ‘a quitarse las coronas y a ponerlas a los pies del Cordero, de Jesucristo nuestro hermoso señor′. Los invito que, ustedes y yo, sigamos recogiendo la enseñanza de Jesús: “honra a tu padre y a tu madre”. Que en estas comunidades los ancianos, las personas mayores sean respetados, respetables, dignos, valorados, que no los hagamos a un lado; “honra a tu padre y a tu madre”

Y bueno pues: “no matarás”; que en estos pueblos la vida siga siendo sagrada, desde el seno materno hasta el último instante “no matarás”. “No cometerás adulterio”, o sea, nunca abusar, nunca despojar a nadie, ni de su mujer, ni de sus cosas, ni de lo que le pertenece, si no ser respetuosos como Cristo, que no le hizo ni le quitó nada a nadie: “no robarás. “No darás falso testimonio” cuida tu boca, cuida tu lengua, cuida tu palabra: no difames, no critiques, tú se muy respetuoso de corazón, de tu propio hermano, no darás falso testimonio contra tu prójimo. Que en estos pueblos la honra, la dignidad, la fama de todas y cada una de las personas sea sagrada, que en estos pueblos no existe el desprecio, la burla, la ofensa, porque son pueblos que pertenecen a Cristo, pertenecen a Dios.

Y bueno pues, no andar codiciando, no andar deseando de los demás, o sea no ofender al prójimo ni siquiera en lo escondido del alma o dentro de nuestra mente; esto hace un pueblo de luz, por eso ustedes tienen tantas opciones, tantas oportunidades, tanta satisfacciones, porque ustedes han sabido amar, y saben que vienen del amor, de la alegría y de la felicidad; eso les deseo de todo corazón, a ustedes y a mi querida Escuela MIRAL, para que también siga siendo un espacio en donde se cultive ese deseo de vivir, de servir, a pesar de la adversidad, eso es la Escuela MIRAL: un servicio a pesar de tener tantas cosas en contra, ellos siguen cultivando la luz del alma. Así sea.