PorMons. Juan Manuel Mancilla Sánchez, Obispo de Texcoco

Querida Señora, Madre nuestra ¡Muchas gracias! por permitirme, por permitirnos estar en tu casa, en tu chozita y pedirte, suplicarte seas tú la que presente ante el Padre celestial nuestra acción de gracias. Queremos honrar al Padre celestial, bendecirle, adorarlo junto con su Hijo y su Espíritu, porque Él ‒en mi caso‒ desde siempre, desde el seno de mi madre me escogió para que fuera su siervo, su amigo, su indigno, indignísimo representante en medio de la comunidad. ¡Gracias Madre!  porque tú hablarás por mí al Padre celestial ya que tu voz, tu corazón es puro, y Él a ti siempre te ha amado, también a  nosotros, te entiende y tú conoces su corazón desde la esencia de tu propio Hijo y por eso nuestro agradecimiento va a ser honra, bendición, alabanza a nuestro precioso Padre celestial.

¡Madre! pues yo solo vengo a decirte que le pidas al Padre celestial por mis padres, porque ellos me contaron que cuando recibían el sacramento del matrimonio le dijeron al Padre celestial: «que nos amemos “se hablara de ti», y mi madre quiso aprenderse esas palabras pues sin duda para un día decírnoslas a nosotros su hijos; y por eso ¡Madre! pídele al Padre celestial que eleve un granito más de gloria en el seno de mis padres, mis seres queridos; tantos sacerdotes que han llegado a mi vida, señores Obispos.

Mi querido Don Ezequiel Perea que me confirió el orden del sacerdocio, el orden sacerdotal; con tanta sencillez y humildad él me dijo que se había sentido feliz de que mi ordenación había sido en un pueblecito de los más alejados de su Diócesis: Santo Domingo, arriba de un camión y debajo de un mezquite; él, hombre tan humilde disfrutó esa ordenación habiéndome dicho: “ya quiero ordenarte ‒pero que yo ponga la fecha‒ tu pon el lugar”, y escogí mi pueblo, y el escogió el 1° de julio fiesta para él queridísimo “La Preciosísima Sangre de Nuestro Señor”.

Llegaron después mis queridos hermanos: don Arturo Szymanski, don Luis Morales, hoy mi queridísimo señor Arzobispo Don Jorge Alberto Cavazos Arispe, que con tanta caridad me pidió fuera a San Luis Potosí; yo fui, no sé, majadero tal vez porque quería vivir nuevamente modesto este momento, pero bueno mis sacerdotes, mis queridos hermanos Obispos a quienes bendigo con el alma han querido acompañarme; y por cierto sin romper ese deseo de caminar en la humildad y la modestia del Cordero, que así nos enseñó: a no ser protagónicos, a no ser… bueno así lo oi, y por eso ¡Gracias! a tantos hermanos feligreses de Texcoco, de San Luis Potosí, de Cd. obregón Sonora que no nos dejan de su oración y su cariño; por eso pues bendiciones Madre hermosa a ese pueblo tuyo, también mío.

Lo primero que te dije Madre, le dijeras al Padre celestial de mi parte: Durante estos 50 años lo que no te gustó ¡olvídalo! ¡perdónalo! ten misericordia; entre eso que no te gustó haciendo una lista interminable, solo quiero citar una palabra, una idea una enseñanza del gran Profeta Amós, que por coincidencia fue el Profeta que escogí para salir del concepto bíblico, y nunca olvidare este enorme regalo del profeta: “nunca saquen del camino a los humildes”, pues ¡Madre, Padre Dios!, si yo he sacado del camino a un fiel tuyo ¡perdóname! pero que no vuelva a suceder.

Me impacta tanto esto del Profeta que coincide con el saludo texcocano del año 1400 en adelante; en Texcoco se saludaba así: cuando un texcocano veía digamos a un extranjero, un caminante de fuera, desde un poquito lejos le gritaba “¡Que yo nunca te empuje!” vete con confianza, no te voy a sacar del camino; y el caminante contestaba: “¡pues que tú, nunca te caigas!”. Que yo nunca saque del camino hacia ti a nadie, que no desprecie el camino de mis hermanos, de ninguno de mis hermanos, aunque esto muchas veces  cuesta, tú lo sabes; nunca saquen del camino a los humildes. 

Y también por mi amor inmenso al santo evangelio, Madre, pídele al padre celestial que tanto tu servidor como mis seres queridos, como son mis seres queridos sacerdotes nunca busquemos, nunca hagamos nidos o madrigueras, sino que seamos servidores, hermanos, amigos, solidarios, cercanos para bien de tu pueblo. Amén.