Por: Leticia Reyes Salgado.

El pasado 1º de mayo de 2025, desde muy temprano, alrededor de 70 consagrados y consagradas de diversas comunidades religiosas se dieron cita en la Catedral de la Inmaculada Concepción de Texcoco para disfrutar de una jornada fraterna en medio de la naturaleza, como signo de comunión y descanso espiritual.

Participaron miembros de distintas congregaciones: Misioneros Servidores de la Palabra, Hermanas de la Providencia de GAP, Religiosas y Sacerdotes Amigos de Jesús, Esclavos de la Inmaculada Niña, Vida Eremítica, Siervos del Espíritu Santo y Jesús Eucaristía, Discípulos Misioneros de Emaús, Misioneras Servidoras de la Palabra, Misioneras de Jesús, María y José, Clarisas Sacramentarias, Clarisas Capuchinas, Dominicas de Santo Tomás de Aquino, Misioneras del Corazón Eucarístico de Jesucristo Rey, la Orden de Viudas Consagradas, la Orden de Vírgenes y Capuchinos Recoletos.

El paseo tuvo como destino los Prismas Basálticos en Huasca de Ocampo, Hidalgo. Sin embargo, antes de contemplar la creación, se celebró el encuentro más importante del día: la Santa Eucaristía, presidida en la Parroquia de San Juan Bautista por el Pbro. Hipólito Escorcia Achautla. El P. Paul, párroco del lugar, recibió con alegría a la comunidad religiosa y ofreció una homilía profundamente significativa.

En el marco de la fiesta de San José Obrero, el padre destacó que “el trabajo no es una maldición, sino camino de santificación”, recordando que Dios mismo trabaja y descansa, contemplando su obra. Invitó a la Vida Consagrada a reconocer la presencia de Dios en las tareas concretas del día a día: en la oración, el apostolado, el estudio y la fraternidad.

Refiriéndose al reciente fallecimiento del Papa Francisco, el padre exhortó a hacer memoria de su magisterio sobre la Vida Consagrada, sus encuentros y sus mensajes, que llamaban siempre a vivir un auténtico “encuentro con el Resucitado”. Sin ese encuentro, advirtió, la vida consagrada se vacía de sentido, se marchita, y corre el riesgo de convertirse en simple activismo. En sus palabras:

“Nos vamos secando porque nos entusiasmamos en el hacer… y olvidamos el estar con el Señor. Recordemos lo que decía la Madre Teresa de Calcuta: ‘Hay que intensificar la oración para poder servir mejor’. Sin oración, el trabajo pierde su alma.”

Haciendo referencia al estilo de vida del Papa Francisco, lo definió como un «siervo bueno y fiel», incansable en el servicio hasta el final. Y añadió:

“La vida consagrada tiene sentido cuando se abraza la cruz con amor, como decía Conchita de Armida: ‘La cruz es camino, es amor y recompensa’.”

Finalmente, encomendó a la intercesión de San José el camino de cada consagrado y consagrada, pidiendo la gracia de ser hombres y mujeres de escucha, obediencia y pureza, testigos de la alegría del Evangelio.

Después de la Eucaristía, el grupo se dirigió a los Prismas Basálticos, donde pudieron caminar, contemplar el paisaje y compartir los alimentos a las 2:30 p.m. Posteriormente, se organizaron juegos y dinámicas de convivencia en un ambiente de fraternidad. A pesar de la constante presencia de la lluvia, esta fue recibida como una bendición de Dios.

El regreso a la Catedral de Texcoco se dio aproximadamente a las 5:30 p.m., concluyendo la jornada a las 8:00 de la noche. Fue un día de encuentro con Dios, con la creación y entre hermanos y hermanas que han entregado su vida al Señor.

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