En el marco de la celebración de la Misa In Coena Domini, la el papa León XIV recordó que el corazón del Evangelio se manifiesta en el servicio humilde y en la misericordia vivida en medio de lacomunidad de Cristo.
En la tarde de este Jueves Santo, en la que Jesús instituye la Eucaristía y el sacerdocio ministerial, resuena con fuerza el Mandamiento Nuevo del Amor.
Durante la homilía, el Santo Padre subrayó que el gesto del lavatorio de los pies no es solo un signo litúrgico, sino un programa de vida para toda la Iglesia: “Si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros”. Este gesto revela el estilo de Cristo, cercano, humilde y con una entrega total.
Para los sacerdotes, la Eucaristía es fuente y culmen de su ministerio. Configurados con Cristo Siervo, están llamados a pastorear con corazón misericordioso, siendo signos visibles del amor de Dios en medio del pueblo. Junto a ellos, los agentes de pastoral comparten esta misión, construyendo comunidades vivas donde el servicio no es una tarea más, sino la expresión concreta de la fe.
En un mundo herido por divisiones y sufrimientos, la comunidad cristiana está llamada a ser signo de esperanza. La humildad abre caminos de reconciliación; el servicio fortalece la comunión; la misericordia transforma los corazones.
La Diócesis de Texcoco, al contemplar el ejemplo del Señor en la Última Cena, renueva su compromiso de vivir una Iglesia servidora, cercana, fraterna y de comunión, que anuncie con obras y palabras que el amor de Jesús sigue actuando en la historia y que, en Él, siempre es posible comenzar el camino hacia la vida de amor del Padre y de los hermanos.
