En el marco de la celebración de la Misa Crismal en la Basílica de San Pedro, el papa León XIV recordó que la Iglesia vive de la unción del Espíritu y existe para evangelizar, llevando consuelo, esperanza y libertad a los pobres y oprimidos.

Durante su homilía, el Papa subrayó que el sacerdocio ministerial encuentra su sentido más profundo en Cristo, el Ungido del Padre, enviado a anunciar la Buena Nueva. La consagración con el Santo Crisma —bendecido en esta celebración— es signo de esa participación en la misión de Jesús, que continúa hoy en la vida sacramental y pastoral de la Iglesia.

El Pontífice exhortó a los sacerdotes a renovar con alegría las promesas hechas el día de su ordenación, recordando que su vocación está al servicio del Pueblo de Dios, especialmente de quienes más necesitan experimentar la cercanía misericordiosa del Señor. La unción recibida no es privilegio, sino envío, impulso constante a ser pastores según el corazón de Cristo.

También destacó que toda la comunidad eclesial participa de esta dimensión misionera. Desde el Bautismo, cada fiel está llamado a ser signo vivo del Evangelio en medio del mundo, llevando luz a las realidades marcadas por el sufrimiento, la injusticia y la desesperanza.

La Misa Crismal, celebrada tradicionalmente en los días previos al Triduo Pascual, manifiesta de manera visible la comunión entre el Obispo y sus presbíteros, así como la unidad de la Iglesia en torno a la Eucaristía. En ella se bendicen los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y se consagra el Santo Crisma, que será utilizado en los sacramentos a lo largo del año.

Con esta celebración, la Iglesia renueva su conciencia de ser enviada. La unción del Espíritu Santo impulsa a salir, a anunciar, a sanar y a acompañar. En palabras del Santo Padre, la misión evangelizadora no puede postergarse: es el corazón mismo de la identidad cristiana.

Desde la Diócesis de Texcoco nos unimos en oración por nuestros sacerdotes y por todo el Pueblo de Dios, para que, fortalecidos por la gracia sacramental, sigamos construyendo comunidades vivas, misioneras y solidarias, testigos creíbles del amor de Cristo en medio de nuestras realidades concretas.