Ecofilia (amor a la casa común)

Dijo también: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios?

Se parece a un poco de levadura que una mujer mezcló con gran cantidad de harina,

hasta que fermentó toda la masa». Lc 13, 20-21

Por: Dr. José Rafael Romero Barrón

Ecofilia, “amor por la casa de todos”. Así podría definirse el “Taller Levadura”, sobre ecología integral, impartido por el Ing. José David Torres Moya, y compartido por más de 30 participantes; coordinado por Samuel Nájera, director de la Comisión Diocesana de Pastoral Social-Cáritas, y asistido por Claudia Pérez Monzón, subdirectora de vinculación y atención social. Enfocado en el aprendizaje de cómo amarnos los unos a los otros, a uno mismo, a Dios y a toda la creación, de la que somos parte todos los hijos de Dios, con libre albedrío.

Con acciones como esta, la Pastoral Social-Cáritas de la Diócesis de Texcoco busca concientizar a los creyentes de la diócesis, que son sujetos de su propia historia, y quienes pueden influir en su medio ambiente para mejorarlo, porque es, en primera persona, la única forma de lograrlo; trabajando por la justica, la solidaridad, la paz y bien común, en clave ecológica. Para propiciar la vida: La buena vida con el “Cuidado integral de la Creación”. Para liberarnos de todo aquello que nos impide vivir conforme a la voluntad de nuestro Padre y contribuir activamente en la construcción de su Reino.

David Torres, nos habló de Laudato si, encíclica del Papa Francisco que sentó las bases para que las distintas pastorales del mundo, vieran en el cuidado al medio ambiente un testimonio del amor de los cristianos por su Creador. Sabedores de que la naturaleza no es Dios, sino su creación; pero también que, cuando Dios terminó cada cosa, cada creatura, reconoció que era bueno, así como estaba (Gn 1, 31: Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno); por tal motivo, es nuestra responsabilidad cuidar la casa de todos, de amarla y protegerla. Podemos preguntar a Jesús, como el escriba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?» (Mt 22, 36).  Y dejar que, nos responda:

Jesús le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mt 22: 37-39).

Es decir, conocerás y procurarás la voluntad del Padre, conforme enseña el Hijo, no según el propio entendimiento, sino según la guía el Espíritu Santo, según los tiempos.[1]

La inteligencia de la fe comienza a hacerse también, en nuestros días, siguiendo pautas inéditas: las ciencias sociales, psicológicas, biológicas. Es evidente, por ejemplo, la importancia de las ciencias sociales para la reflexión teológica en América Latina.

Reconocer la voluntad del Padre, que las cosas que creó están bien. Dios manda establecer una relación amorosa con el resto de la creación, similar a la que tiene con sí mismo, también parte de la Creación, pero a imagen y semejanza de Dios.

«Hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra semejanza; y que le estén sometidos los peces del mar y las aves del cielo, el ganado, las fieras de la tierra, y todos los animales que se arrastran por el suelo». (Gn 1, 26. 7).

Nuestro prójimo son todos los demás seres de la Creación. Dios nos creó para que lo ayudemos a sostener, procurar y cuidar su Obra, para propiciar la vida. Nos hizo a su imagen y semejanza, solo que los primeros hombres decidieron comer del árbol prohibido de la ciencia y, entonces, conocimos la muerte y, con ello, la angustia. Dejamos la inocencia de las otras creaturas de Dios en el Edén… por nuestro libero arbitrio. Ahora tenemos que construir nuestro propio Edén, auspiciados por el Espíritu Santo y guiados por los profetas, intérpretes de los tiempos de Dios.  Para tener, como escribió el Papa Francisco en Laudato sí: “una amorosa conciencia de no estar desconectados de las demás creaturas” (LS 216).

El ingeniero José David ya lleva tiempo colaborando en el cuidado de la Creación, actualmente es el secretario ejecutivo de la Dimensión Episcopal para la Pastoral del Cuidado Integral de la Creación. Una de sus formas es impartiendo este tipo de talleres, para sensibilizar, concientizar e iniciar un proceso de conversión a favor de la ecología, y mostrar la importancia de proponer y entender el cuidado de la Casa Común. Como pequeños organismos, simples como la levadura, son capaces de vivir en armonía con la Creación de Dios. Propiciar la vida con nuestros actos, como una forma de agradecimiento real a nuestro Creador, en comunión con nuestro prójimo. Nos invita a pasar de la teoría a la práctica, para transformar “nuestra casa convertida en un inmenso depósito de porquería” (LS 21), en el Reino de Dios, con actos de amor, como lo evidenció el propio taller.

Fueron varios módulos. Lo primero que nos tocó hacer fue presentarnos y ubicarnos dentro del mapa de la Diócesis de Texcoco, aunque algunos, como el propio David (quien impartió el taller), proveniente de Ecatepec, zona insegura y con muchos baches; Rafael de Tocuila, lugar famoso por sus carnavales y por el hallazgo de fósiles de mega fauna; Rosa e Isidro de El Tejocote, de la parroquia de Cristo Rey; también se contó con la participación de Tere de San Jerónimo Amanalco, Teodora de Coatlinchan, Margarita de Papalotla, Aída de Tequisistlán, Saúl de Chicoloapan, entre otros agentes pastoral y personas interesadas en el tema. Una vez que nos presentamos, contemplamos mentalmente el territorio e hicimos una oración por el cuidado de la Creación y por nuestro buen entendimiento.

Después nos tocó reflexionar sobre el aire, el agua, los árboles, los ríos, la industria, el gobierno, los animales, la tecnología, etc. Bajo el planteamiento de: a quién se da hoy más prioridad, en el conjunto de la sociedad, en las políticas públicas (y en las privadas…); coincidimos en que a la Creación de Dios se le dedica la menor parte, como si estuviera ahí para servirnos y no para ser cuidada por nosotros, como corresponde a los seres hechos a imagen y semejanza de Dios. Y así decir: ¡Gracias, Padre! Podría entenderse como acciones para preservar y defender su Creación, y a nosotros mismos como parte de ella, asumiéndonos como sus hijos, haciendo lo que nos manda el Padre y nos enseñó el Hijo, y dóciles al Espíritu Santo (esa parte de Dios que mora en todas las personas).

Se habló de los problemas que genera el modelo económico en el que vivimos a nivel mundial, en cómo funcionan las “cadenas de producción”. De cómo se han diseñado estilos de vida centrados en el consumo. La revisión de la realidad social actual, nos llevó a desarrollar un diálogo por grupos y preguntarnos si ya teníamos conocimiento de estas realidades adversas al cuidado del medio ambiente, y sobre sus efectos en nuestra vida diaria; y nos preguntamos qué podíamos reconocer en nuestras propias comunidades de lo que no se hubiera hablado y fuera parte del mismo problema.

La basura fue un problema común en todas partes, la basura generada por el consumo excesivo. Se habló de la violencia, la pérdida de los conocimientos tradicionales, el empobrecimiento de las personas, la escasez del agua, el despojo del territorio… En fin, coincidimos en que el modelo económico centrado en el consumo destruye la Creación, incluyendo a nuestros mismos cuerpos y almas. Como cristianos católicos, es necesario tomar acciones al respecto. Anclados a la fe.

Poco antes de compartir la mesa, hicimos un pequeño ejercicio sobre los distintos productos y la relación que tenemos con ellos, como la cera, el cobre, el carbón, el acero, el plástico… Prácticamente están en todo lo que consumimos. Por eso, nos quedó claro que la solución al problema no es nada sencilla, pues implica transformar radicalmente nuestra relación con la Creación (una conversión ecológica), de una forma más armoniosa y menos predadora. Tal vez haga falta voltear a ver lo que nos dicen los pueblos indígenas, acostumbrados a procurar el equilibrio desde su cosmovisión.

Durante la comida que compartimos, nos pudimos conocer un poco más, nos olvidamos un rato del taller y nos dedicamos a hacer comunidad, ahí, en la mesa común, puesta en la casa de Dios. En la charla se reconocieron y afianzaron lazos para trabajar en común en la Construcción del Reino de Dios, en un ambiente fraterno, se dijo muchas veces, “mi casa es tú casa”.

Después de la comida, se nos presentó un modelo de solución del problema de la basura, donde intercambiaban material reciclable por comida. Reflexionando al respecto, coincidimos que en México era poco viable ese modelo, además, David planteó que no atiende las causas profundas    -el consumo- más bien lo incentiva. Nos invitó a ser más críticos y muy creativos; y a no esperar encontrar soluciones fáciles o que impliquen solo las acciones personales, que claro que son la base, pero que por sí mimas no solucionan el problema, las acciones deben estar encaminadas por la organización pastoral, acciones comunitarias, y acciones que dinamicen y fortalezcan la pastoral de conjunto.

Se convocó a los participantes a crear al servicio de la Diócesis de Texcoco, la Dimensión Pastoral para el Cuidado Integral de la Creación y los retos que enfrenta. La defensa del territorio no es un tema sencillo, implica muchos factores políticos, económicos, sociales y de organización. Recordamos casos graves como el de monseñor San Óscar Arnulfo Romero en El Salvador y del padre Marcelo Pérez Pérez, asesinados por defender la justicia en nombre de Dios, por hacer lo correcto. El compromiso con el cuidado de la Creación es grande, pero recordamos las palabras de Jesús:

Bienaventurados los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia.

Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.

Bienaventurados los que tienen el corazón puro, porque verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que son perseguidos por practicar la justicia, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.

Bienaventurados ustedes, cuando sean insultados y perseguidos, y cuando se los calumnie en toda forma a causa de mí.

Alégrense y regocíjense entonces, porque ustedes tendrán una gran recompensa en el cielo; de la misma manera persiguieron a los profetas que los precedieron (Mt 5, 3-12).

Nos despedimos con el compromiso de llevar el mensaje a nuestras comunidades y desarrollar un proceso para presenciar próximamente el nacimiento de la Pastoral Diocesana del Cuidado Integral de la Creación. Acordamos con el Lic. Samuel y el Ing. David una próxima reunión, ya con propuestas de trabajo para dar el siguiente paso, la acción pastoral.

Al concluir el taller, pudimos platicar con el ing. David y preguntarle sus impresiones del Taller. Nos dijo que el nivel de reflexión había sido muy interesante, dado la heterogeneidad de los participantes. Se comprometió a seguir de cercar la conformación de la Dimensión Pastoral en Texcoco.


[1] Es propio del todo el pueblo de Dios (…), auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la Palabra Divina, a modo de que la verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada (GS 44b).