¡Abran las puertas de la justicia y entraremos para dar gracias al Señor!

¿QUÉ ES UN AÑO JUBILAR?

Un poco de historia:

El Papa Bonifacio VIII (1294-1303) con la bula Antiquorum habet digna fide relatio promulgó el primer Jubileo de la historia de la Iglesia. La participación de los fieles fue grande y festiva.

Se acogieron a nobles, eclesiásticos y pueblo en general en los palacios (edificios) y en los conventos de Roma. Por voluntad del Papa, el Jubileo ordinario o Año Santo se debía celebrar cada 100 años. El papa Clemente VI reducirá el tiempo a 50 años, el papa Urbano VI cada 33 años en recuerdo de la vida de Cristo y después se elige la periodicidad de cada 25 años.

Además de los Jubileos ordinarios, tenemos también los Jubileos extraordinarios, que se celebran en referencia a particulares y destacados eventos cristianos. El Jubileo se presenta como una grande oportunidad ofrecida a los creyentes para palpar muy de cerca la misericordia de Dios. Al peregrino que se encamina en este recorrido con sentido de penitencia, viene concedida la indulgencia plenaria.

El Jubileo del año 1300 fue pedido y aclamado por el pueblo, que a gran voz comenzó a pedir un Año Santo, es decir, la idea de esta santa celebración ya estaba presente en la mente y corazón de los fieles cristianos.

ORIGEN DEL AÑO JUBILAR

La celebración del jubileo se origina en el judaísmo. Consistía en una conmemoración de un año sabático que tenía un significado particular. Esta fiesta se realizaba cada 50 años.

Durante el año se ponían a los esclavos en libertad, se restituían las propiedades a quienes las habían perdido, se perdonaban las deudas, las tierras debían permanecer sin cultivar y se descansaba. En la Biblia encontramos algunos pasajes en los que se menciona la celebración judía. Tal vez el más importante se encuentre en el Levítico (Lv 25,8).

La palabra jubileo se inspira en el término hebreo de yobel, que alude al cuerno del cordero que servía como instrumento. Jubileo también tiene una raíz latina, iubilum que representa un grito de alegría.

En la tradición católica, el Jubileo consiste en que durante un año entero se conceden indulgencias a los fieles que cumplen con ciertas disposiciones eclesiales establecidas por el Vaticano. La Iglesia Católica tomó como influencia el jubileo hebreo y le dio un sentido más espiritual. En ese año se da un perdón general, indulgencias y se hace un llamado a profundizar la relación con Dios y con el prójimo. La Iglesia Católica tomó como influencia el jubileo hebreo y le dio un sentido más espiritual. En ese año se da un perdón general, indulgencias y se hace un llamado a profundizar la relación con Dios y con el prójimo. Por ello, cada Año Santo es una oportunidad para alimentar la fe y renovar el compromiso de ser un testimonio de Cristo a través de la conversión.

INDULGENCIA PLENARIA CONCEDIDA POR EL PAPA FRANCISCO A NUESTRA AMADA DIÓCESIS

¿Qué son las indulgencias?

Según el CEC (Catecismo de la Iglesia Católica) n. 1470, están ligadas a los efectos del Sacramento de la Penitencia. «La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos» (Pablo VI, Const. Ap. Indulgentiarum doctrina, normas 1).

Es así que para nuestra diócesis, con motivo de los 500 años de la evangelización en México, el Papa Francisco ha concedido que durante el periodo del 23 de septiembre de 2023 al 08 de septiembre de 2024, todos los fieles puedan ganar dichas indulgencias. «La indulgencia puede ser parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente» (Indulgentiarum doctrina, normas 2). «Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias» (c. 994).

¿PARA QUÉ SIRVEN?

Comenzamos puntualizando algunas cuestiones sobre el Pecado. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la «pena eterna» del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. (Cfr CEC n. 1472).

La pena eterna es la que se borra después de que acudimos al sacramento de la reconciliación.

Pero aun con ello, en el doble efecto del Pecado, la “pena temporal” queda en el penitente, dichas penas temporales irán desapareciendo del penitente, en tanto este se esfuerce a través de la penitencia, la obras de misericordia y la oración, así el penitente al encontrarse ante la muerte podrá encontrarse serenamente de cara a Dios como el hombre nuevo (Cfr. 1473).

La vida de la Iglesia en Cristo nos hace hermanos a través de Cristo mismo. Del tal forma, en nuestro camino cada cristiano se siente abrazado por los demás hermanos en fe, es así, que la santidad de un hermano aprovecha para la santidad de todos. El Sacrificio de un hermano aprovecha para el bien y la salvación de otros. En este intercambio admirable, la santidad de uno, aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás. Así, el recurso de la comunión de los santos permite al pecador contrito estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado (CEC 1475).

¿PARA QUÉ SIRVEN?

Comenzamos puntualizando algunas cuestiones sobre el Pecado. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la «pena eterna» del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. (Cfr CEC n. 1472).

La pena eterna es la que se borra después de que acudimos al sacramento de la reconciliación.

Pero aun con ello, en el doble efecto del Pecado, la “pena temporal” queda en el penitente, dichas penas temporales irán desapareciendo del penitente, en tanto este se esfuerce a través de la penitencia, la obras de misericordia y la oración, así el penitente al encontrarse ante la muerte podrá encontrarse serenamente de cara a Dios como el hombre nuevo (Cfr. 1473).

La vida de la Iglesia en Cristo nos hace hermanos a través de Cristo mismo. Del tal forma, en nuestro camino cada cristiano se siente abrazado por los demás hermanos en fe, es así, que la santidad de un hermano aprovecha para la santidad de todos. El Sacrificio de un hermano aprovecha para el bien y la salvación de otros. En este intercambio admirable, la santidad de uno, aprovecha a los otros, más allá del daño que el pecado de uno pudo causar a los demás. Así, el recurso de la comunión de los santos permite al pecador contrito estar antes y más eficazmente purificado de las penas del pecado (CEC 1475).

Este Don maravilloso de la Misericordia de Dios es el más grande tesoro que Iglesia conserva y acrecienta con la vida santa de sus fieles. Evidentemente contamos con la intercesión de los santos y desde luego de Nuestra Madre Santísima, la Virgen María.

¿CÓMO PODER GANARLAS?

Las indulgencias se obtienen por medio de la Iglesia que, en virtud del poder de “atar y desatar” que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. (cf Indulgentiarum doctrina, 8; Concilio. de Trento: DS 1835. CEC 1478). Los fieles difuntos, en vías de purificación de la “pena temporal” y por medio de las indulgencias ofrecidas por los vivos, se ven libres de toda mancha de pecado. De acuerdo al Decreto de la Penitenciaría apostólica, dado para nuestra Diócesis el día 7 de septiembre de 2023. Podemos conseguir la indulgencia plenaria:
“…bajo las condiciones acostumbradas: confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice, que podrán obtener los fieles verdaderamente arrepentidos e impulsados por la caridad, también podrán aplicarse a favor de las almas del purgatorio a modo de sufragio, si visitan la iglesia Catedral de Texcoco en forma de peregrinación y participan devotamente en las celebraciones, orando a Dios por la fidelidad del pueblo mexicano a la vocación cristiana, por la obtención de las vocaciones sacerdotales y religiosas y por la defensa de la familia humana, concluyendo con la oración dominical (Padre Nuestro), el Símbolo de la Fe (Credo) y las invocaciones a María Santísima”.