En la celebración del Miércoles de Ceniza, 18 de febrero de 2026, Mons. Carlos Enrique Samaniego López recordó que la Cuaresma es un tiempo privilegiado para la conversión del corazón y para aprovechar el tiempo como oportunidad de salvación.

Durante su homilía, el Obispo invitó a los fieles a comprender que el tiempo no es simplemente algo que pasa, sino el espacio donde se decide la eternidad. A la luz de diversos pasajes bíblicos —desde Noé, Moisés y el pueblo de Israel, hasta Jesús en el desierto— explicó que la Cuaresma es camino de purificación, liberación, oración y lucha contra el pecado.

Asimismo, subrayó que la verdadera conversión implica regresar del camino equivocado, asumir la penitencia como reparación y adquirir la mente de Cristo. Recordó que las prácticas cuaresmales del ayuno, la limosna y la oración no son actos aislados, sino medios concretos para dominarse, abrirse al prójimo y fortalecer la relación con Dios.

Finalmente, exhortó a vivir estos cuarenta días como preparación para la Pascua, pidiendo al Señor la gracia de estrenar un corazón nuevo y renovar la vida cristiana.

Homilía de Mons. Carlos Enrique Samaniego López
Miércoles de Ceniza
18 de febrero de 2026

Cuaresma es tiempo de conversión. Tiempo, dicen los griegos Tempus fugit, será traducido al latín, se ha universalizado esta expresión: “el tiempo se va”, “el tiempo huye”. Nosotros, cuando somos pequeños, vemos que podríamos vivir muchos años y por eso el tiempo pasa lentamente, pero quien tiene mayor edad ve que el tiempo se acaba y ahora pasa de una manera rápida, veloz, Tempus fugit, “el tiempo se va”, por eso hay que aprovechar bien el tiempo.

Decían también los filósofos antiguos carpe diem, “aprovecha el día”, “aprovecha el tiempo”. El tiempo, decía un filósofo, Plauto, el tiempo es comedia para la juventud y tragedia para la senectud. Pero no es así para un cristiano, el tiempo es oportunidad de salvación. En el tiempo está la eternidad comenzada, todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene un trasfondo de vida eterna. Las raíces de la eternidad están aquí en el tiempo. Aquí nos jugamos la vida eterna o la condenación eterna. Decía san Agustín, cuando le preguntaban ¿qué es lo más difícil para usted como obispo?, y decía él: “poder dormir una sola noche sabiendo que estoy en pecado y pensar que al siguiente día podría amanecer en la eternidad condenado”. Es decir, el tiempo, hay que aprovechar el tiempo. El tiempo es oportunidad de salvación.

Estamos en este tiempo litúrgico de la Cuaresma y, por eso, nos va bien también ver qué es la cuaresma en la Biblia. Por ejemplo, está la cuaresma de Noé, una cuaresma que nos habla de la purificación en el diluvio. ¿De qué nos tenemos que purificar?, por ejemplo, el alcohólico, el drogadicto, tiene contaminada la sangre. Así también nosotros podríamos tener un vicio y podría ser tiempo de purificación de las redes sociales, del chisme, de algún vicio. ¿De qué hemos de purificar nuestra vida?

Pasemos ahora a otra cuaresma. La cuaresma de Moisés, él vive 120 años, tres veces cuarenta, es simbólico. Los primeros cuarenta está en la corte con los egipcios, los siguientes cuarenta años de su vida está en el Horeb, en oración, y los siguientes cuarenta está colaborando en la liberación del pueblo de Israel. Pensemos en esta cuaresma de Moisés, en la de la oración. Cuaresma es tiempo para intensificar la vida de la oración. Cuarenta días para profundizar una relación íntima, personal, con Dios.

Vamos a la cuaresma del pueblo de Israel, es una cuaresma de liberación. ¿De qué nos tenemos que liberar? ¿De qué vicio, por ejemplo? De la envidia, de la lujuria, de la gula, de la avaricia, de la soberbia, de la pereza, de la ira. ¿De qué nos tenemos que liberar? ¿Qué paso tenemos que dar?

Vamos ahora a la cuaresma de Elías. Él está siendo perseguido y, en un momento dado, necesita alimentarse para continuar el camino. Cuaresma es tiempo para alimentarse de los sacramentos, de espiritualidad, de oración, porque, si no, nuestra vida espiritual está desnutrida, y así nos vamos debilitando, y no podemos enfrentar las crisis que trae consigo la vida. Es tiempo, pues, de alimento sólido.

Cuaresma es tiempo también de conversión. Por eso veamos la cuaresma de Jonás, ese profeta que anuncia que Nínive será destruida, pero todos se arrepienten, desde el rey hasta el último. Es tiempo de conversión. La Biblia utiliza varias acepciones para hablar de la palabra conversión. No tiene esa palabra exactamente. Por eso utiliza del hebreo shuv, que quiere decir regresar de un camino ya andado. Es decir, ya aprendí a ofender, tengo que dejar de recorrer ese camino. Ya aprendí a meterme a páginas indebidas en internet, debo dejar de recorrer ese camino. Ya aprendí cómo se hace tranza, corrupción, debo dejar de recorrer ese camino. Eso significa en el hebreo shuv. El griego de la Biblia utiliza la palabra metanoia, que quiere decir adquirir la mente de Cristo, tener los criterios de Cristo, y para ello va bien siempre conocer más a Jesús en los evangelios. Cambio de mentalidad. En latín, también se ha traducido al latín la Biblia, utiliza la palabra penitencia, que quiere decir reparación, corregirme, enmendarme. Si robé, restituir. Si ofendí, pedir perdón. Eso es penitencia. Y finalmente, del italiano tenemos la palabra conversión en el español. Conversione pasa a conversión; es decir, emprender un nuevo camino tras el encuentro con Cristo. Por eso el encuentro con Jesucristo es camino para la conversión, para la comunión, para la solidaridad con todos. Cuaresma, pues, es tiempo de conversión.

Vamos a la cuaresma de Jesús en el desierto, donde sufre las tentaciones y nos enseña a luchar con seriedad. Hay quienes juran no tomar, no drogarse, y a veces renuevan su juramento después de cinco años, diez años. Y nosotros muchas veces nos confesamos y el mismo día estamos volviendo a pecar. Por ello dice el Señor, las prostitutas y los publicanos se les adelantarán en el Reino de los cielos. Hay veces que los que estamos más cerca de Dios no nos esmeramos por luchar contra las tentaciones con seriedad. Por eso, estos 40 días, luchemos seriamente contra las tentaciones que nos asechan.

Y finalmente, la cuaresma también de Jesús. Esta es muy poco conocida, y en realidad esta es a la que estamos llamados a aprovechar en este tiempo, porque se trata de cuarenta días que vivió con sus discípulos, que convivió con ellos, antes de subir al cielo. Por eso les invito a que tengamos cuarenta días conviviendo con Jesús, dialogando con Él ante el sagrario, ante el Santísimo. 40 días reconociendo en los demás, en el prójimo, a Jesús. 40 días platicando con Él en la Sagrada Escritura. Todo esto nos lleva a vivir toda esta propuesta que nos hace hoy la Iglesia. Hemos hecho un recorrido para llegar hasta este punto. Hasta este evangelio.

Cuaresma es tiempo de ayuno, para dominarse, para contenerse. Solamente lo que se posee se puede entregar a los demás. Por eso ayuno significa control de sí. Ayuno significa poseerse para entregarse. Limosna, entonces, no es dar unos pesos, unas monedas. Limosna es apertura hacia los demás. Caridad hacia los demás, como lo hace Dios. Porque somos hijos de Dios hemos de ser generosos con los demás. Y solamente quien es generoso, quien tiene apertura con los demás, va a ser capaz de abrirse hacia Dios. Al totalmente Otro. Por eso dice la Escritura, quien dice que ama a Dios, pero no ama a su prójimo, miente.

Por eso ayuno es dominio de sí, poseerse. Limosna es apertura hacia el otro, abrirse a los demás. Y oración es abrirse al totalmente Otro, que es Dios. Y todo esto que hemos hablado para dirigirnos a la Pascua, con la que vamos a culminar este tiempo de Cuaresma y de Semana Santa. El paso de Dios en el mundo, en mi historia, en mi hogar, en mi vida.

Pidámosle al Señor que nos ayude a estrenar en la meta, en la Pascua, un nuevo corazón, y para ello, que nos conceda aprovechar bien este tiempo de Cuaresma que estamos iniciando el día de hoy con la imposición de la Ceniza. Que así sea.