En el marco de la Misa Crismal, celebrada este martes santo ante todo el presbiterio diocesano de Texcoco, así como fieles y agentes de pastoral de las distintas parroquias, Mons. Carlos Enrique Samaniego López dirigió un mensaje cercano, profundo y centrado en una convicción clara: el único programa pastoral es Jesucristo.

Como V Obispo de Texcoco, expresó su deseo de dar continuidad al trabajo pastoral realizado en la diócesis, caminando en comunión y sinodalidad con sacerdotes, religiosos y laicos. Inspirado en la enseñanza de san Juan Pablo II, subrayó que no se trata de inventar nuevas estrategias, sino de volver a lo esencial: conocer, amar e imitar a Cristo.

A partir del pasaje del Evangelio de san Lucas (Lc 4,16-30), el Obispo presentó el “programa de Jesús” como guía para toda la diócesis: anunciar la Buena Nueva a los pobres, liberar a los oprimidos y vivir un auténtico año de gracia. En este sentido, animó a todos los agentes de pastoral a asumir con responsabilidad su vocación bautismal, haciendo vida el Evangelio en acciones concretas, especialmente al servicio de los más necesitados.

En un momento particularmente significativo, Mons. Samaniego dirigió un llamado fraterno a los sacerdotes, recordando que “no hay obra más grande que colaborar en la formación de un sacerdote”. Los exhortó a fortalecer la comunión entre hermanos, a orar unos por otros, a acompañarse y trabajar juntos en la misión pastoral, así como a impulsar procesos de formación para las nuevas generaciones del clero.

Al finalizar la celebración, se dieron a conocer diversos nombramientos para el servicio de la diócesis. Entre ellos, el del Pbro. Elmer Jacob Deleón Magdaleno como Vicario General; el P. Oscar Manuel Méndez González como vicario episcopal para la Vida Consagrada; el P. Jorge López Espinosa como coordinador diocesano de la Pastoral Juvenil; y el P. Enrique Gutiérrez Acosta como coordinador del departamento jurídico. Asimismo, se nombraron nuevos coordinadores de generación en la formación permanente del clero, y miembros del Colegio de Consultores, el Consejo de Órdenes y el Consejo Presbiteral.

Finalmente, el Obispo agradeció profundamente a los sacerdotes que concluyen su servicio en estas encomiendas, reconociendo su entrega generosa a la Iglesia, e invitó a toda la diócesis a seguir caminando unida, con espíritu fraterno, poniendo a Cristo en el centro de toda acción pastoral.

Homilía de Mons. Carlos Enrique Samaniego López – Misa Crismal

(Martes Santo)

Al iniciar esta etapa en la vida de la diócesis, que me recibe como su V Obispo, quiero valorar la inercia del testimonio, el trabajo constante y la entrega de Mons. Juan Manuel Mancilla, de muchos agentes de pastoral cualificados y coordinados por el vicario de pastoral y los encargados de las comisiones y dimensiones de las diversas áreas de pastoral de la diócesis. Quiero secundar las iniciativas pastorales y dar continuidad al trabajo realizado en los años precedentes por los párrocos en sus comunidades y la vida consagrada en los ambientes donde desarrollan sus apostolados, como expresión de los múltiples carismas con los que Dios ha dotado a esta Iglesia particular. He comenzado mi ministerio episcopal como pastor propio de la diócesis de Texcoco, incorporándome a la vida pastoral de esta Iglesia particular, deseando caminar en comunión y sinodalidad con todos sus agentes de pastoral.

Desde mi elección como V Obispo de Texcoco, algunos hermanos obispos, sacerdotes, religiosos, laicos, y yo mismo nos hacíamos la pregunta: ¿Cuál va a ser mi programa? ¿Cuáles serán las líneas fundamentales o pautas para la evangelización en Texcoco? Pero recordé que, al inicio del tercer milenio, todo mundo esperaba del Papa Juan Pablo II un programa, una ruta, un itinerario para que el orbe católico iniciara el milenio que se avecinaba, y el Papa dijo: “El programa es el de siempre: es Jesucristo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en Él la vida trinitaria y transformar con Él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” (cf. Novo Millennio Ineunte, 29). Y yo pensé: este mismo será mi programa, sin más, será Jesucristo. Recordé que en el Evangelio de san Lucas aparece una cita, Lc 4,16-30, con el título de Evangelio programático de Jesús; en efecto, es el programa de toda la vida y misión de Jesús. Ahí se identifican identidad y misión como una sola cosa en la persona de Jesús. ¿Qué dice este Evangelio? ¿Cómo ilumina mi identidad y misión como nuevo Obispo de Texcoco y por qué lo quiero proponer como programa para todos los agentes de pastoral de la diócesis, sean sacerdotes, religiosos o laicos?

La liturgia en las sinagogas, en tiempos de Jesús, se llevaba a cabo de una manera similar a la Liturgia de la Palabra de la Eucaristía actual, pues es su origen; a saber: había una oración, un salmo, la lectura de la Torá, la lectura de uno de los Profetas y una especie de homilía de algún rabino que sabía leer en hebreo y explicar en el idioma de sus interlocutores, es decir, arameo.

En la sinagoga de Nazaret, el Señor Jesús tomó el volumen del profeta Isaías, en el que estaba escrito: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para proclamar la buena noticia a los pobres, liberar a los cautivos, dar vista a los ciegos, poner en libertad a los oprimidos y anunciar un año de gracia”. Luego el Señor Jesús declaró: “Hoy se ha cumplido esta Escritura” (Lc 4,16-30).

En mi primera Carta Pastoral quiero invitar a toda la diócesis de Texcoco a que nuestro programa se inspire y tenga por guía la página programática de Jesús, el Buen Pastor. Por ello, les propongo que nos dejemos iluminar por la Palabra de Dios, contemplando el Programa de Jesús, su homilía y las posturas de sus interlocutores. Quiero que el Programa de Jesús sea nuestro programa pastoral.

El Programa de Jesús

El Señor Jesús se reconoce como el enviado a anunciar la Buena Nueva a los pobres, dar vista a los ciegos, liberar a los cautivos y dar libertad a los oprimidos, anunciando así un “año de gracia”. Acabamos de vivir un Jubileo en el año 2025, un año de gracia y de esperanza proclamado con la bula del Papa Francisco Spes non confundit (La esperanza no defrauda), año en el que pudimos pasar por la Puerta de la Esperanza y encontrarnos con Jesús en cada Eucaristía y en cada sagrario, para salir de esos encuentros con un espíritu de conversión, comunión y solidaridad con quienes más nos necesitan: pobres, cautivos y oprimidos. Así, remediando sus necesidades, a través de las obras de misericordia, continuemos anunciando a los más vulnerables un “año de gracia”, pues la puerta de la misericordia de Dios continúa abierta a través de nuestra caridad.

Su homilía

“Hoy se ha cumplido esta Escritura”. La homilía de Jesús en la sinagoga de Nazaret fue breve y contundente. La traducción más cercana al griego original dice: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que acaba de tocar sus oídos”. Esta predicación lee y relee la identidad y misión del Mesías en el mundo. Todos los bautizados estamos llamados a dar continuidad a esta misión, pues “la vocación bautismal, por naturaleza, es vocación al apostolado” (Apostolicam actuositatem, 2). Estamos llamados a ser santos y apóstoles, a cultivar sueños de santidad personal y fecundidad apostólica, a hacer nuestro el programa de Jesús, pues la Iglesia la conformamos los miembros de su Cuerpo, cuya cabeza es Él mismo. El programa de Jesús no se refiere a lo que debe hacer el hombre con respecto a Dios, sino a lo que Dios hace con respecto al hombre y en cuya labor nos podemos incorporar. Somos nosotros los que nos incorporamos al ser y quehacer de la misión de Cristo, y en ese sentido vivimos en Cristo (Fil 1,21), y ¡Cristo vive en medio de nosotros!, ¡Cristo vive en la Iglesia de Texcoco! Su programa no es una promesa política, sino una manifestación de la obra divina que produce lo que dice; su preocupación por los pobres se traduce en una atención directa a los pobres, a los ciegos, a los cautivos y a quienes viven oprimidos. Que sus palabras de vida toquen nuestros oídos y comiencen a germinar en nuestro corazón hasta verse encarnadas en obras concretas que atiendan las diversas pobrezas del ser humano.

Reacción de sus interlocutores

Al terminar la homilía en la sinagoga de Nazaret, unos aceptaron a Jesús, otros lo rechazaron. Estas dos actitudes llega a suscitar el auténtico discípulo de Jesús en quienes reciben su testimonio: adhesión al proyecto de Dios o desprecio y persecución. Unos aprobaban a Jesús y otros lo sacaron de la ciudad para despeñarlo —¡casi lo matan!—, pero no pudieron acabar con Él. Este pasaje contiene no solo el programa de lo que Jesús iba a hacer en todo su ministerio, al anunciar la Buena Nueva a los pobres y liberar a los oprimidos, sino también anuncia cómo iba a ser acogida, o no, su persona y sus palabras: aceptado por unos y rechazado por otros, hasta el grado de llevarlo a la cruz. Al final no pudieron aniquilarlo, ni aquel día en que predicó en la sinagoga de Nazaret ni aquel otro en que lo crucificaron, porque resucitó y vive entre nosotros para prolongar este Año de gracia.

Que el Programa de Jesús sea el programa de todos los agentes de pastoral en nuestra diócesis: desde el obispo, el párroco, el diácono, el religioso, el agente de pastoral laico, hasta cada uno de nuestros queridos seminaristas, para que demos testimonio todos juntos de que realmente ¡Cristo vive en medio de nosotros!

Que la Inmaculada Concepción, nuestra Madre Santísima, Estrella de la Nueva Evangelización, nos alcance las gracias necesarias para hacer nuestro el Programa de Jesús.