En una celebración marcada por profunda devoción mariana, Mons. Carlos Enrique Samaniego López reflexionó sobre la belleza espiritual de la Virgen María, presentándola como “espejo de la Iglesia” y modelo para todo creyente. Durante su homilía, destacó que la verdadera hermosura de María proviene de sus virtudes, su fidelidad y su disponibilidad constante al proyecto de Dios.

El Obispo explicó, a partir del Evangelio y de la tradición de la Iglesia, que María es llamada “llena de gracia”, “la toda hermosa”, título que expresa su plenitud humana y espiritual. Invitó a descubrir en ella un camino de vida: “Qué bella es una persona cuando es servicial, cuando es responsable, cuando busca siempre a Dios”, dijo al recorrer las diversas “estéticas” de María: Nazaret, Ain Karem, Belén, Jerusalén, el Gólgota y el Cenáculo.

Subrayó que la belleza de la Virgen no es superficial, sino fruto de su disponibilidad, su servicio, su fidelidad, su solidaridad y su constancia en la fe. Por ello, animó a los fieles a contemplarla e imitarla: vivir como ella, abrir el corazón a Dios y dejar que Cristo tome forma en la vida diaria.

La celebración concluyó con un llamado a renovar la devoción mariana: “Descubramos en María nuestra vocación y pidamos su intercesión”, recordó el Obispo, invitando a todos a caminar bajo el amparo y la belleza de la Madre de Dios.

Homilía de Mons. Carlos Enrique Samaniego López, Obispo de Texcoco
Himno a la Madre de Dios
7 de diciembre de 2025

¡Qué bella se ve la Virgen María!, ¿verdad? Ella es espejo de la Iglesia. En ella nosotros podríamos mirarnos y ver cuánto falta para alcanzar su belleza. Ella, como nosotros, hemos sido creados a imagen y semejanza, dice San Ireneo, de aquel que había de venir, de Jesucristo. Y Él ha sido llamado en la Escritura el más bello de los hombres.

Aquella expresión del Señor Jesús: “Yo soy el buen pastor”, la han traducido —no interpretado, traducido literalmente— biblistas, biblistas muy reconocidos, así también como nuestros pastores muy reconocidos. Le he preguntado a monseñor Sigifredo —lo digo por orden de a quién le fui preguntando—, después a don Juan Manuel, que sabían leer en griego, sabían hebreo, tenían nociones de arameo, y, en efecto, la traducción más precisa era: “Yo soy el pastor bello”.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de aquel que había de venir, del pastor bello, de aquel que es el más bello de los hombres. Pero nosotros hemos nacido con la culpa del pecado original y, aun con el bautismo, queda una concupiscencia. Por eso nosotros podemos mirar siempre a la Virgen María y descubrir su belleza como en un espejo para nosotros. María es espejo de la Iglesia, y es el día de hoy en que acabamos de decirle muchos nombres a la Virgen María en este Akathistos y muchas obras que realiza gracias a esos nombres que le hemos dado. Pero el Papa Francisco, leyendo este mismo Evangelio que acabamos de escuchar, decía: “El ángel le revela un nuevo nombre a María”. Porque, ¿cómo dice el Ave María?, o, mejor dicho, ¿cómo la saluda el ángel? Me pueden decir cómo la saluda el ángel: Alégrate, llena de gracia. No dice allí María. Tan es así que el Papa Francisco decía: “El ángel le revela un nuevo nombre a María”. ¿Cuál es su nuevo nombre? La llena de gracia. Panaguia en griego es la tota pulchra en latín, que significa “la toda bella”, “la toda hermosa”. La verdadera devoción a la Virgen María consiste en imitar sus virtudes, compartir su destino y pedir su intercesión.

El día de hoy pidamos su intercesión para imitar sus virtudes, para imitar su belleza, y por ello veamos qué es lo que hace bella a la Virgen María para que nosotros también adquiramos su belleza. Por eso hablemos de las estéticas de María, y es así como vamos a la primera estética en Nazaret. ¿Qué es lo que hace bella a María en Nazaret? Su disponibilidad. Está abierta al proyecto de Dios. Y me dirán, ¿y esto qué tiene de bello? Pensemos entonces en lo contrario: en una persona hermética, cerrada, que no es disponible. Y entonces descubriremos el resplandor de la Virgen María. Una mujer, una persona, un ser humano, un hombre disponibles tienen una hermosura singular como la Virgen María, como la de nuestro Señor Jesucristo.

Ahora vamos a la estética Ain Karem. ¿Qué pasó en Ain Karem que hace bella a María? Su disponibilidad para el servicio, porque allí proclamó su alma la grandeza del Señor. Pero no solo con sus labios ni con su alma, sino con sus manos, con su servicio. Qué bella es una persona servicial; en cambio, aquella que solo quiere que le sirvan no es bella.

Vamos a la estética Belén. ¿Qué es lo que hace bella a María en Belén? Que da a luz un hijo. ¿Cómo hemos de dar nosotros a luz a Jesús? Decía sor Isabel de la Trinidad: “Que se haga en mí como una segunda encarnación del Verbo”; “que Él crezca y que yo venga menos”, decía Juan el Bautista; es decir, que aparezcan sus criterios, sentimientos y actitudes en mi vida, y así podemos dar a luz a Jesús como la Virgen María.

Vamos ahora a la estética Jerusalén. ¿Qué es lo que hace bella a María en Jerusalén? La Virgen María cumple con sus deberes de estado, cumple con sus deberes civiles al llevar a presentar al Niño Dios. Qué bella es una persona cuando es responsable y qué fea cuando es desobligada, cuando no cumple sus responsabilidades.

Vamos a la estética Jerusalén nuevamente. La Virgen María está buscando a Jesús porque se quedó entre los doctores. Una persona es bella cuando en todo y siempre está buscando a Dios, y qué mal se ve una persona que en todo siempre se está buscando a sí misma.

Vamos ahora a la estética Gólgota. ¿Qué pasó en el Gólgota? La Virgen María fue solidaria con Jesús. Estaba como muriendo con Él en la cruz. Y es así que una persona es bella cuando es solidaria con las demás, pero no cuando es egoísta.

Vamos a la estética Cenáculo. ¿Qué es lo que hace bella a María en el Cenáculo cuando está esperando la acción del Espíritu Santo junto con los demás apóstoles? Nuevamente la disponibilidad. Pero, ¿cómo han pasado los años? Ya van más de 30 años y sigue siendo disponible. Qué bella la vida de aquella religiosa que cumple 20, 30, 40 años de consagración. Qué bella es la vida de aquel sacerdote que año tras año va celebrando su aniversario sacerdotal. Qué bella es la vida de aquella persona que se mantiene en la fidelidad al vínculo conyugal. Por eso aquí la belleza de María es la constancia en esa fidelidad, en esa apertura al proyecto de Dios.

El día de hoy contemplemos la belleza de María. Descubramos en ella nuestra vocación. Descubramos en ella la orientación de todos y cada uno de nuestros actos y no dejemos de venerarla imitando sus virtudes, compartiendo su destino y pidiendo su intercesión. Que así sea.